De calabaza por Pereira

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Ángel Gómez Giraldo

Martes 30 de abril. Mañana de tibio sol. En la tarde brisas persistentes. Al anochecer llegó al centro de Pereira un viento como de brujas.


De un momento a otro aparecieron dos hombres jóvenes de color con careta de difunto y detrás de ellos calabazas a la venta.


Estábamos en vísperas del Halloween. Era fácil vaticinar que por las bajas temperaturas las brujas y brujos estarían impedidos para alcanzar el vuelo y aterrizar de barriga aquí al día siguiente. Sin embargo el miércoles 31 de octubre tuvo mejor tiempo. Mañana fresca sin lluvia. Era de esperar pues a esos seres malignos en los que pocos creen, todos dicen que existen. A las 9:00 de la mañana ya me encontraba abordando la buseta.

Al pasar la registradora me atrapó un susto como de síntoma de ataque epiléptico. En la segunda silla del vehículo una mujer ventiada por  los 50 o más años, me miraba fijamente y no era una mujer sino una difunta desplazada del cementerio gracias al maquillaje para esta profana celebración.


Mi compañero de silla, me susurró al oído, refiriéndose a ella: “Yo veo a mi esposa disfrazada así y me echo a perder y jamás vuelvo a la casa”.


De esta manera empezó a trascurrir el 31 de octubre en la capital de Risaralda, día de las brujas y del mismo diablo haciendo indecencias a horcajadas así nadie las vea.

Mejorando

A las 10:00 de la mañana el clima mejorando y todo hacía prever un aquelarre en la noche. Sin embargo para esta hora del día  pocas brujas y brujos en la calle.

Eso sí, en los almacenes que ya habían abierto las puertas al público, las empleadas más jóvenes hechas todas unas “brujildas” trataban de atrapar clientes con sonrisas del color de bocas chupadas.A las 10:00 de la mañana aún la calle era de los seres humanos que son como son, física y mentalmente.


Paso por la sede de la curia diocesana y busco al canciller de la Diócesis, Padre Alirio Raigoza para pedirle su concepto sobre el Halloween. ¿Y saben qué? Cuando esperaba que iba a decir mucho no dijo nada.


“Es que los curas no creen en las brujas pero si exorcizan”, me manifestó un laico de pelo en pecho con quien me
 encontré al abandonar la sede jerárquica.

Del poder de Dios pasé al poder de los hombres, al palacio de la Alcaldía, tan cerca el uno del otro.Allí me enteré que el grupo de oración llamado Semillero de Amor que semanalmente tiene dos horas de rezo, en el del martes anterior lo hicieron  para rogar a Dios que las brujas y brujos volaran lo más alto posible sobre la ciudad, tanto que no se les viera el tamaño de la escoba, artificio impúdico que utilizan para trasladarse de un lugar a otro, y fueran moderados en el aquelarre.Ya a las 11:00 de la mañana pasé volando al cementerio San Camilo. Me llevó un olor a tumba abierta y tierra podrida.


Preciso adentro del campo santo uno de los sepultureros se me presentó como la reencarnación de la misma muerte con guadaña en mano. Claro que la herramienta en su poder para labores de podar la grama y los prados.


¿Qué pasa aquí, señor sepulturero que huele a tumba abierta y tierra podrida?
“Al contrario, esos olorcitos vienen de afuera de las brujas y brujos que se aprestan a celebrar esta noche lo que sabemos y entonces el cementerio se cierra, por hoy, a las 12 del día para impedir el paso de los satánicos y sacrílegos que  en esa fecha parecen alimentarse con sancocho de gato”, me respondió.


Y de verdad que en San Camilo han tomado medidas para prevenir el saqueo de tumbas pues aún no era medio día y había una ala del portal cerrada.

En la iglesia

A unos pocos pasos de aquí la iglesia ‘Nuestra Señora de los Dolores’ con el Padre Pacho celebrando misa de difuntos y con sus cánticos ayudando a subir al cielo a Juan Esteban, el niño de 9 años que mató el cáncer el día antes, víspera del Halloween.


 Y hubo llanto entre los asistentes a la eucaristía. Y no era para menos ya que la madre del menor, habitante del barrio Tokio en el sector de Villa Santana contó que su hijo no alcanzó a lucir el disfraz de ángel herido que le había confeccionado con dolor de madre.


De regreso al centro de la ciudad escuché chistes sobre esta celebración en la que muchos no están de acuerdo.


 Un joven le dijo a otro de bello rostro que se le acerca: “Pareces disfrazada de drag queen”.
Otro: “Esa muchacha que va disfrazada de vampiro tiene tan buen cuerpo que se ve mejor disfrazada de reina de belleza”.
Y para el muchacho de 20 años que no se pintó ni se puso careta sino que se puso una bata de la mamá  con falda a la rodilla y caminado desganado: “Dio la cara de puro macho”, apuntaba con sarcasmo el público.


Y para mujeres de poco top: “Mucha barriga en río revuelto”.
Después de la 1:00 de la tarde empezó a salir más gente disfrazada a las calles peatonalizadas para los que asustan el 31 de octubre.


Las orejas en lo más alto de la cabeza de muchos peatones y la temperatura que venía aumentando a 27 grados y cielo despejado para vuelo seguro de tantas brujas, brujos y hermosos brujitos que hicieron la nota linda del evento. Pequeños con alegría llevados de la mano por los adultos con calabaza para los dulces.

Aquelarre

Como la noche llegó con temperatura sostenida de 26 grados, el aquelarre fue en la Plaza de Bolívar y en las calles céntricas de la trasnochadora y morena. Y fue tal el estruendo que hubo vandalismo en comercios y en el Megabús. Afortunadamente no se presentaron heridos ni daños materiales de consideración.


Cómo es la vida, mientras esto pasaba en el centro de Pereira, en el sitio conocido como El Jordán, sobre la vía a Armenia, numerosos católicos celebraban con oración y cantos sagrados los 28 años de la aparición allí de la Virgen. Amén. Parece que el agua bendita que dan en El Jordán no alcanzó a llegar al centro de Pereira para exorcizar a los desadaptados y vándalos de la noche de este 31 de octubre.

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