El abrazo de la gaviota

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Ángel Gómez Giraldo


El encuentro con la mujer fue en la plaza de Bolívar de Pereira. La vi desde lejos. Parecía una gaviota con las alas abiertas volando bajo sobre el mar.


 Venía hacia mi. Cuando ambos estuvimos cerca y frente a frente, las alas del ave palmípeda se transformaron en brazos y se me colgó del cuello. Fue, no lo niego, una “explosión” de cariño mutuo. Tanto que cuando llegaron los organismos de socorro para atender la emergencia se soltaron brazos y cuerpos y todo volvió a la normalidad dentro de los límites de la amistad.

Como sería esa explosión de cariño durante el encuentro casual de los amigos que ahí, en ese mismo sitio de la plaza, vi como si se hubiera abierto un boquete igual al que puede producir la explosión de un petardo de alguna importancia con destrucción de los débiles adoquines, los mimos que en la calle han cedido para tener que ser reemplazados por otros más finos y resistentes.


La amiga tiene magia en la boca pues su sonrisa es un sortilegio y cuando camina por la calle es el alma la que la lleva de la mano.


Tiene la edad de la mujer que puede ir a cualquier parte con un hombre y nadie le dice nada.
Es tan pereirana que su segundo apellido nos trae a la memoria a una de esas familias que se encuentran entre las fundadoras de la ciudad. Su nombre es Jackeline Cano Marulanda.

Aterrizaje

Según ella, llegó a este mundo en un vuelo charter “pues nací en la casa de mi abuela, Olga María Marulanda, que cuando eso estaba ubicada en el barrio Matecaña, en cercanías de la terminal aérea”.

Sus padres biológicos se la hicieron buena a la abuela, como se la hacen hoy en día todos los hijos a los padres, que les dejan sus criaturas en las manos ya cansadas para que los acaben de levantar y fue así como esta pereirana creció al lado de la abuela.Pero a la casa de la abuela llegaron otros pequeños, una hermana de Jackeline y cuatro primos suyos.


Con tanta familia y sin nada distinto a una pobreza imposible de ocultar, el corazón de la abuela se infartó y murió para un velorio con una gran concurrencia de niños.
Luis Eduardo, Daniela, Martín Felipe, Sebastián , lina Marcela , la hermana y Jackeline , ya hoy personas adultas que la siguen llorando.


Entonces Jackeline siendo aún una menor asumió el rol de madre de su propia hermana y de sus primos.
Con zapatos prestados Jackeline salía a la calle a mendigar para alimentarse y alimentar a los demás niños de casa.

Con la iniciativa puesta en la superación personal, formación cultural y académica, “me volaba de la pobreza de la casa para ir a estudiar a la Institución Educativa Francisco Pereira”. Sin embargo al cursar el noveno grado de enseñanza secundaria la atacó una anemia con paludismo y esa mezcla de patologías la obligó a interrumpir las clases.Crisis A pesar del hambre y venir de un paludismo tan bravo, la ética y los valores humanos la trasnocharon hasta que entró en crisis emocional. Dejó la casa y se fue a vivir a la calle pero a palo seco, nada de sustancias alucinógenas ni siquiera sustancia de hueso porque ni para comer. Eso sí, para no caer en tentaciones de la carne y otras del mismo color, se dedicó a leer y a escribir: “Leía de todo y escribía recuerdos sobre las noticias de periódicos viejos”, revela con el tono de la persona que cuenta lo que no debiera contar de su pasado. La huidaDe la crisis salió también volando porque no se le alcanzaron a romper del todo las alas y volvió a casa donde había dejado los niños. Asistió a talleres de redacción, ortografía y literatura y siguió escribiendo.Escribió tanto que editó 4 libros sin ayuda de ninguna entidad oficial.


Con uno de ellos titulado ‘Revelaciones trascendentales’ participará este año en el concurso de novela que convoca anualmente la Secretaría de Cultura de la Alcaldía de Pereira.
De madre sustituta sin sustento para su hermana y primos, Jackelinepasó a ser intelectual destacada y escritora tan reconocida como que participó en la más reciente Feria Internacional del Libro de Bogotá.


 Se le suma a todo esto que gracias a esa instrucción de autodidacta ha podido llegar a un trato de tú a tú con Germán Ossa y Martha Lucía Eastman, gestores destacados y con el escritor e historiador Orlando Giraldo.


Hasta Augusto Mejía González, humanista y columnista de buen estilo de este diario, ha calificado su obra literaria de audaz de la que dice estar llena de sociología empírica. Jackeline apenas está en la disposición de terminar el bachillerato y apunta: “El que sabe sabe y el que no también puede llegar a sabio”.

Emprendimiento

Con todas estas le ha florecido la varita del emprendimiento, subiste y patrocina sus obras literarias lo mismo que las actividades culturales con su empresa personal. Comercializa mercancía europea y perfumería francesa.


En este momento funciona como gestora que con 20 personas más está desarrollando un bello proyecto: Toma cultural de los municipios de Risaralda.
 Quiere el arte y la cultura para personas de todas las edades.


Para esto cuenta con el apoyo del Instituto de Cultura y Turismo Bolivariano de Bogotá y de la Sociedad de Escritores de Risaralda.


- ¿Y qué pasó con los niños que usted levantó con tanto esfuerzo?
- Sobrevivieron o mejor sobrevivimos al holocausto social. No terminaron como psicodependientes ni como delincuentes. Son gente de bien: Luis Eduardo, bombero en Buga (Valle); Sebastián reside en Francia; Daniela en el Ecuador; Martín Felipe También va para Francia, mi hermana Lina Marcela  , empresaria exitosa en Pereira   Yo aquí dispuesta a seguir estudiando y continuar como gestora cultural. Mejor dicho Ángel, el cielo es para todos.


En este cielo Jackeline incluye a Mateo, niño de 14 años. Es el hijo no del amor sino del hombre en quien se fijó por primera vez. El amor de verdad le llegó luego. Mas como el amor de verdad también es fugaz muchas veces, el hombre con quien quería vivir para siempre un día se despidió de ella con esta frase terrible a pesar de lo poética: “Se separan nuestros cuerpos para unirse nuestras almas para siempre”.


En el momento en que se alejaba de su lado sonaron 4 balazos y el hombre cayó sobre el asfalto muriendo en mitad de la calle.

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