Victoria Eugenia Mejía, Dama cual ninfa flor

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Victoria Eugenia Mejía Jaramillo es de esas damas pereiranas que pueden  recordar que  fue el poeta Luis Carlos González el que tejió con música de bambuco, capa y ruana para con ellas engalanar la historia de la ciudad, que sus buenos hijos recuerdan con amor.


Su abuelo Alfonso Jaramillo Gutiérrez se extasiaba con sus pasos de infancia  por la casa de bahareque  y teja de barro cocido   que con sus propias manos levantó  en la explanada verde  que llegaría a tener la estación del antiguo ferrocarril y luego de creado el departamento, la sede del Gobierno de Risaralda que todos  conocemos como parque Olaya Herrera de la Perla del Otún, obra que  dirigió para que fuera sitio verde de recreación y alimento para los pulmones y el espíritu  de sus gentes.

Hallar una pereirana de tan fina costura fue mi consigna. Me bastó  con enfrentarme a ese sol  de plaza y  arena de estas tardes aquí.Y vaya que para dar  con ella me bastó llegar a esa casa de cuerpo blanco y ufana de la calle 14 del sector de la Circunvalar, a espaldas  del Prometeo, monumento a los fundadores  del escultor Rodrigo Arenas Betancourth.


De esta obra dijo el artista antioqueño: “En el centro de la composición y fundido en bronce, está el hombre que es corazón y cabeza de fuego”.
La puerta principal de la casa no se abrió, la abrió la bondadosa empleada de la familia.
Ingreso con espíritu a la expectativa  y después de dar unos cuantos pasos me encuentro cómodamente sentado en la sala principal.


De un momento a otro veo descender de una manera solemne por las gradas de madera en cedro,  camino para ir y venir del  segundo piso, a la señora de la casa.
Sí, apareció solemne como un paso de Semana Santa.
Sin ser una mujer joven, me hipnotiza su fina figura y espero que llegue hasta mi sin quitarle la mirada.

Cuerpo  ballet, pantalón negro entubado  y blusa blanca amplia al descote, todo  a la moda de la más  joven. Rostro blanco, simétrico, con  una belleza aún tersa. Ojos oscuros y cejas negras  marcadas ampliamente.Cabeza de cabellos color azabache, ondulados con una aplicación de  llamativo tocado, rosa inmortalizada  que es la flor de su personalidad avasallante.Toda ella luciendo las sedas de la armonía física.


Al hablar su voz salida de  boca fina, es rapsodia envolvente.
En su juventud Pereira veía en ella los encantos físicos  de Liz Taylor, la actriz italiana que fue símbolo sexual femenino  del mundo a mediados  del siglo XX.


 Cuando la tengo a la distancia suficiente para el ritual del saludo, se me hace la misma ninfa flora y recibo su mano estirada con elegancia como si fuera el primer sol del verano.
¡Oh Dios! Mas es la rosa artificial  puesta, tocado a la derecha de su cabeza, como a punto de desmayarse sobre la frente la que la convierte en ninfa flora: diosa, según la mitología romana, de las flores, los jardines y la primavera.

Alma
Victoria Eugenia, alma de la casa, me lleva allí y allá para despertarme alegrías con los jardines y el arte que encierra la edificación ya que  Mejía y  Jaramillo son apellidos que como  aureola de luz   ilumina y distingue a los  artistas auténticamente pereiranos.

Casa de castañuelas de  sol y vientos, es la  de Victoria Eugenia Mejía Jaramillo, de Pereira. Construida en el año de 1960 por el arquitecto Javier Uribe Vélez, “con todo el amor que me tenía porque era mi esposo”, musita ella como leyendo en voz baja un verso de Neruda.Bien lo decía el  maestro  Rogelio Salmona:  “La arquitectura debe ser una sorpresa  tanto por sus formas como por sus materiales”.


Y no es exagerado sostener que la vivienda de esta pereirana es  una sorpresa  así como lo fuera en su tiempo  la casa de los padres,  doña Libia, una artista que le puso su corazón al baile y al  Ballet de Pereira, y Jaime, abogado de toga, quien le puso museo arqueológico a la casa a la  que le abrían las puertas durante los días de las Fiestas de la Cosecha para que todo el pueblo  conociera las piezas de cerámica coleccionada,  siempre   al cuidado de Victoria Eugenia y su hermana María Cristina.


A todas estas historias, mi anfitriona me ofrece pastel de zanahoria para  una pausa de  grabarlas bien en la memoria y para una oportunidad de observar más detenidamente la decoración interna de la amplia residencia.


Entonces traigo para mí el pasado de su familia y veo a Jaime Mejía, padre, y a Libia Jaramillo, Madre, entrando y saliendo con rostro de enamorados de la  vieja casa, “de la época en que Pereira era cívica y  tenía sabor a Jesús”, me revela Victoria Eugenia, levantando un poco tan sutil voz.
 De verdad me parece verlos bailando y presidiendo veladas con participación de sus amistades.
Así que la familia es historia de baile y ballet en Pereira. 


Siempre, pues ahí está hoy por hoy el Ballet de Ana María, hermana de Victoria Eugenia, cual  mariposa blanca  volando sobre  la ciudad de Cañarte.

Amorosa

Madre amorosa que es, Victoria Eugenia abraza con elogios a sus  hijos Javier, Carmiña y Felipe.
Y créanme que  suena como a concierto de piano ofrecido en su misma casa por la nieta, Juanita Uribe, ya considerada virtuosa de este instrumento  musical.


Al pronunciar el nombre de su hermana  María Cristina, artesana de soles y lunas, se puede  sentir una fragancia de fino perfume allí.


Como si estuviéramos en la casa museo del  abuelo que ya no existe en el parque Olaya Herrera, me lleva  como  guía turística por los pisos y  espacios de la casa que le dejó su esposo.
Iniciando el recorrido me encuentro con el crucificado,  obra también de Rodrigo Arenas Betancourth sobre la pared de la cabecera de la cama  de su dormitorio. 


Luego el encuentro es con otro  cristo, este ya agonizado,  elaborado en cuero blanco que conmueve al más ateo, arte  de la mamá Libia.


Como centro de la mesa del  comedor principal luce  una obra en bronce de su hermano Jaime, quien dejara esa escultura del hombre en libertad desnuda en el atrio del edificio El Diario del Otún.


Despedida
Al salir a la calle 14  para ir de regreso al centro de la ciudad,  vuelvo la cabeza atrás y lo que veo es la casa de Victoria Eugenia Mejía Jaramillo con paredes no de finos materiales en concreto sino de  cristal, y ella bailando ballet y cantando sus alegrías para no morir todavía.

 

Victoria Eugenia Mejía Jaramillo, pereirana comparable con la ninfa flora, reina de los jardines

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