Violencia intrafamiliar

1/1

Hablar de prevención de la violencia intrafamiliar no es fácil, porque existen muchos tipos de violencia y las causas son diferentes. Hay violencias originadas por problemas psicológicos más o menos graves. La actuación en esos casos corresponde a los expertos, que buscarán la mejor manera de curar al enfermo y de evitar que ciertas formas de violencia puedan dañar a los otros miembros de la familia. Otras violencias se originan por conflictos profundos, surgidos en plena sanidad mental: peleas por el dinero, por la disposición de los muebles en el hogar, por infidelidades, por el trato que el padre quiere dar a los hijos y que es muy distinto de lo que piensa la madre, por injerencias continuas y graves de la familia del esposo o de la esposa...


Otras veces se trata de conflictos pequeños, cotidianos. Uno ocupa demasiado tiempo el cuarto de baño y otros se enfadan. O alguien arrastra las sillas hasta dañar el suelo. O hay quien cocina con demasiada sal. O simplemente no hay acuerdo sobre el uso de la televisión o sobre el horario para ocupar la computadora.

La diversidad de problemáticas exige una diversidad de soluciones y mecanismos preventivos diferentes. Pero podemos encontrar una causa que se presenta como común denominador para muchas situaciones que desembocan en violencia intrafamiliar: el egocentrismo.


El egocentrismo lleva a dar una prioridad casi absoluta a los propios gustos, deseos, ambiciones, proyectos. Suele estar acompañado por el menosprecio hacia lo que los otros desean o piden dentro del hogar. El egocéntrico considera que su punto de vista debe prevalecer sobre lo que piensen o sientan los demás, y busca entonces imponerse a cualquier precio, incluso con la violencia.


Si el egocentrismo es la fuente de numerosos conflictos en la familia, incluso de formas más o menos serias de violencia, la mejor terapia, la prevención más eficaz, consiste en situarse en una perspectiva diferente, “alocéntrica” o “heterocéntrica”. En esa perspectiva el otro es el importante, ocupa el lugar principal. La perspectiva heterocéntrica se aprende desde la infancia. Los padres pueden ayudar mucho a sus hijos a no verse a sí mismos como el centro de todo, ni a exigir cuidados, privilegios, regalos, cariño “en exclusiva”. Unos buenos padres de familia llevan a cada niño a abrirse a los demás: a sus hermanos o primos, a los abuelos, a los tíos, a los amigos.

Quien aprende a vivir así no escapa al peligro (que nos amenaza a todos) de orientarse en algunas etapas de su vida hacia el egocentrismo. Ningún sistema educativo llega a controlar al educando, porque cuando uno crece la libertad orienta las decisiones más profundas, para el bien o para el mal. Pero una buena ayuda en el hogar facilita el descubrimiento de la belleza de la visión heterocéntrica, de ese vivir más para los demás que para uno mismo.


Si ante un conflicto cada quien se encierra en sus derechos y pide la rendición completa del otro, hemos iniciado el camino que lleva a la violencia. Quizá no llegue a hechos dramáticos, pero sí causará ese daño profundo que aparece en un hogar cuando el odio, la indiferencia, el desprecio, los insultos y las represalias sutiles se convierten en algo casi cotidiano.


En cambio, si en los roces de cada día, ante un diferente punto de vista, frente a un problema serio, al menos uno de los esposos toma la actitud heterocéntrica y busca el camino del amor, la concordia, la escucha, la espera, la mano tendida, el perdón, incluso la renuncia a algo legítimo por el bien de la familia, es posible evitar el choque. Sobre todo, es posible que la otra parte, en la medida en que pueda tener culpa o haber tomado una actitud egocéntrica, reconozca la belleza de un gesto amable del otro y baje la espada para, al menos, escuchar un poco más y comprender que la vida familiar es, verdaderamente, un cielo, cuando uno vive para hacer felices a los demás.

Prevenir la violencia intrafamiliar es mucho más asequible de lo que muchos piensan. Porque, en verdad, todos tienen un fondo bueno que no siempre sale a la luz. Basta con regar el corazón con un amor generoso y mirar al otro con ojos serenos para que la familia cree un ambiente que parece antesala de cielo, y que permite a todos vivir de un modo alegre y enamorado.

  • hablar
  • violencia
  • tipos

  Continúa Leyendo




Powered by