¿Con qué cara?


Después de escuchar las grabaciones que realizó la Fiscalía General de la Nación, debidamente autorizada por el juez respectivo, y que divulgó el viernes pasado una emisora nacional y en la que el señor Roberto Prieto reconoce una y otra vez que la cúpula de la campaña del presidente Santos, entre la que estaba -claro está- su gerente general y actual director de la DIAN, Santiago Rojas, se reunió con el representante de Odebrecht en Colombia y convinieron recibir de la cuestionada firma una cifra importante de dinero como aporte a la campaña presidencial y que esta plata no apareciera en su contabilidad oficial; nos asaltan varias preguntas que aunque seguramente nadie va a contestar, no podemos de dejar de hacer.


¿Con qué cara el doctor Santiago Rojas es capaz hoy de dirigir una entidad que además de recaudar los impuestos de los colombianos, debe perseguir a los evasores, a los que esconden sus movimientos financieros y a los que no registran en sus contabilidades todas las transacciones comerciales y económicas que realizan en el rol diario de sus negocios; después de la confesión clara e inequívoca del señor Prieto de que el entonces gerente de la campaña “Santos Presidente” se sentó a la mesa con unos delincuentes a acordar que sus oscuros aportes no fueran incluidos en la contabilidad oficial de la campaña y por tanto que violaran las leyes electorales?


Y esta otra ¿cómo el presidente Santos, después de haberle preguntado sin rodeos al señor Roberto Prieto que si el aporte de Odebrecht había entrado a la contabilidad de la campaña y oído de boca de este que no, según otra de las grabaciones que se hicieron públicas, porque así se había acordado con la firma brasileña, se queda como si no hubiera pasado nada y sigue manteniendo en la cabeza de la entidad que tiene la obligación de buscar a los evasores y a los que no cumplen la ley, a quien no tuvo empacho en negociar, no es difícil imaginarnos a cambio de qué, que la millonaria cifra que entró a la campaña no fuera registrada en los libros oficiales?
Una persona con tan débiles principios morales y tan singulares criterios sobre la ética, no puede estar, por supuesto, en ninguna posición pública y mucho menos en donde se requiere a un funcionario con una conducta intachable, que sea ejemplo de honestidad y rectitud tanto en sus negocios personales como en los que tiene a su cargo, y que jamás haya caído en los devaneos del doctor Rojas.


Todo esto solo para referirnos al caso del actual director de la DIAN, pero basta esculcar un poco ese oscuro y nauseabundo entramado de los dineros de la firma Odebrecht en la campaña del presidente Santos y lo que sucedió luego con los que participaron en esa negociación, para saber que en este país los principios éticos y los valores morales son lo que menos importa cuando se trata de hacerse al poder.

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