Mucho y a la vez muy poco


Según datos oficiales, en los primeros tres meses del presente año las autoridades de tránsito de Pereira han impuesto 11.880 comparendos por transgresiones a las normas vigentes. Esto significa que son cerca de 4000 sanciones mensuales o, lo que es lo mismo, unas 130 cada día.

 

 

Estas son cifras que dicen mucho, pero que a la vez dicen muy poco. Significan mucho porque 130 personas que se llevan todos los días de calle la ley, es una barbaridad en cualquier sociedad organizada y respetuosa de su ley; pero tampoco dicen nada, porque si se va a la realidad esto es la ínfima parte de los conductores que les importa un pepino las normas de tránsito.

 

 

Basta pararse un momento en cualquier esquina de la ciudad para observar fácilmente que buena parte de los conductores se pasan los semáforos en rojo, que los taxis paran en cualquier parte a montar y bajar pasajeros, que las motos se montan por encima de los andenes, que los vehículos estacionan en prohibido, que nadie respeta el carril solo bus, que los motociclistas circulan sin casco, que los buses no utilizan los paraderos, que los carros invaden el espacio de las bicicletas y que todos, sin excepción, viajan a mayor velocidad de la permitida. 

 

 

Todo esto, sin decir que un altísimo porcentaje de los vehículos que circulan en Pereira especialmente las motos, lo hacen con el SOAT vencido, o sin el certificado de revisión técnico mecánica al día, o que sus conductores no tienen la licencia o el resto de los documentos exigidos, en regla.

 

 

Es decir que el volumen de transgresores de las normas de tránsito es infinitamente mayor a las cifras que han entregado las autoridades por concepto de comparendos a quienes han sido sorprendidos infringiendo la ley, y que estamos seguros, aun así, impresiona a la mayoría de los ciudadanos.

 

 

Cuántos comparendos llevaríamos entonces, si de un lado el Instituto de Tránsito y Movilidad tuviera el personal suficiente para cubrir toda la ciudad y para hacerlo las 24 horas del día y los siete días de la semana, y del otro, los guardas de tránsito conversaran menos por celular, se dedicaran más a su oficio y fueran menos condescendientes con quienes no solo han violado una norma de tránsito, sino puesto en peligro la vida de varias personas, incluyendo la suya.

 

 

Está claro, pues, que la ciudad tiene un grave problema de desobediencia a la ley y de falta de control en sus vías, y que las autoridades desconocen completamente de qué tamaño es esta dificultad. Esto sumado, no hay duda, a una falta de cultura de los conductores que circulan por sus calles y que solo se corrige con intensa campañas informativas y educativas.

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