Un problema mayor


La semana pasada nuestra habitual columnista Martha Alzate se dolía en su columna de la pésima práctica que ha optado un buen número de conductores de nuestra ciudad de estacionar sus vehículos en lugares prohibidos, o de parar “por unos minutos” en mitad de la vía, o simplemente de convertir cualquier espacio libre en un parqueadero público.


Decía la columnista que de poco estaba sirviendo el esfuerzo que ha hecho la administración municipal para recuperar algunas vías como las carreras novena y tercera, o las calles 21 y 23, si el espacio ganado ha sido invadido por toda clase de vehículos, por motocicletas de todos los tamaños y por carretas de frutas y demás ventas ambulantes.


Y añade que el problema mayor lo sufren los sectores aledaños a las principales universidades de la ciudad en donde los estudiantes en su afán de encontrar un espacio dónde dejar su carro mientras asisten a clase, lo dejan sobre la vía, o al frente de algún garaje en servicio, o sencillamente sobre los andenes, impidiendo la circulación normal de los vehículos.

Toca con buen juicio la doctora Alzate un grave problema que tiene la ciudad, el de la invasión de las vías públicas, un problema que, en vez de mejorar, cada día va en franco deterioro, a pesar de ciertas acciones que ha adoptado la administración como la de levantar algunas zonas azules que eran un evidente obstáculo para la libre circulación, y la recuperación de algunas calles que estaban en pésimo estado.


De poco sirve retirar el parqueo permitido de cualquier calle importante, si el espacio que queda libre es ocupado inmediatamente por toda clase de ventas ambulantes, o utilizado por los mismos u otros vehículos, pero ya sin pagar la tarifa de zona azul y, lo más grave, ante los ojos indiferentes de las autoridades de tránsito.


O qué sentido tiene hacer un esfuerzo económico tan importante para recuperar totalmente una vía, pavimentarla completamente y señalizarla con todas las de la ley, si al día siguiente está convertida en un de taller al aire libre, o en zona de cargue y descargue, o en sala de exhibición de vehículos usados.

Una ciudad con unas vías tan estrechas y un creciente parque automotor como el que tiene Pereira, tiene que hacer un esfuerzo mayor para garantizar una buena movilidad y para evitar que las malas prácticas de los propietarios de los vehículos obstruyan el tráfico e impidan la libre circulación del resto de los automotores.


Como lo dice la columnista, qué bueno saber en qué paró el plan maestro de vías y parqueaderos que contrató hace un tiempo la administración municipal con el fin de conocer a ciencia cierta el flujo de los vehículos en la ciudad, así como las necesidades de parqueo y, por supuesto, las recomendaciones para atender el déficit que se tiene en materia de parqueaderos en altura y de nuevas vías.

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