Bernardo Arias Trujillo, 80 años después de su fallecimiento

1/2

Ángel María Ocampo Cardona*

Fabio Ramírez Ramírez, miembro de la Academia Caldense de Historia, ha tenido  el acierto de dar a la luz pública, en su plaza de Manzanares, una obra conmemorativa de los 80 años de fallecimiento del inmortal manzanareño Bernardo Arias Trujillo. Y ha tenido el alcalde de Manzanares y su grupo de asesores culturales, el buen gesto de realizar un evento cívico cultural para enaltecer la memoria de uno de sus hijos más egregios. La Academia Caldense de Historia ha testimoniado su reconocimiento y admiración por estos ademanes, que son coherentes con la misión institucional de rescatar y preservar el patrimonio histórico y cultural de los caldenses.


 

Con justicia se ha honrado la memoria de un hombre, un intelectual, un escritor, un novelista, un poeta, un líder ideológico que en vida destinó su talento a luchar por la transformación espiritual de los colombianos. La obra artística de este genio de la inteligencia caldense se nos antoja todavía lozana. Y su frescura se debe a la actitud divergente con que asumió la cruda realidad de los primeras décadas del siglo XX, en vigor aún hoy, 80 años después de su desaparición física.

 


Arias Trujillo nació en en Manzanares, el 19 de noviembre de 1903, cuando ésta era apenas una humilde aldea con escasas cuatro décadas de existencia veredal y dos décadas de existencia municipal.

 

De aquellas primeras familias establecidas en la región y llegadas a Manzanares por el afán de supervivencia después de las tormentosas guerras civiles del siglo XIX, procedía el hogar conformado por Don José María Arias Jiménez, y Doña Emilia Trujillo Vélez, progenitores de Bernardo Arias Trujillo. Se trataba de una familia trashumante, que siguiendo los pasos del general de la guerra de los mil días, Jesús María Arias Jiménez, había deambulado por largos caminos e indómitos andurriales, pergeñando en cada pueblo, hijos de preclara inteligencia. Por eso la familia Arias Trujillo tuvo vástagos nacidos en diversas localidades del norte del Tolima y oriente de Caldas: Pensilvania, Salamina, Herveo y Manzanares. Bernardo fue el octavo de 17 hijos que tuvo el hogar Arias Trujillo. Su madre le enseñó a leer y le narraba los textos escolares en forma de cuentos y anécdotas, a los que los niños prestaban gran interés.

 

Luego en la escuela, Bernardo supo aprovechar el ambiente de despertar cultural que se vivía en Manzanares entre los años 1912 y 1916. Los manzanareños de mejores condiciones económicas importaban de Europa y Estados Unidos, el mobiliario, el ajuar, los libros y las revistas, que eran traídos en recuas de mulas por el camino real que venía de Honda. Y al calor de ese ambiente, surgieron círculos, veladas y centros literarios que replicaban el ambiente cultural de Salamina y Manizales. Por eso Bernardo, en sus primeros años de escuela se involucró con actividades literarias en las que fue ganando un temprano liderazgo entre sus compañeros de bancas escolares.

 


Cuando terminó sus estudios elementales, viajó a Manizales, deseoso de inmiscuirse en ese entorno afamado por el prestigio de sus colegios y de sus escritores. Ingresó a la Escuela Normal Nacional de Varones, que regentaba a la sazón don Benigno Muñoz, pero al terminar el primer año, nos dice el historiador Albeiro Valencia Llano, fue despedido “por la violenta manifestación de sus ideas políticas, en un tiempo en que al estudiante se le mantenía bajo la estrecha reserva de todas sus manifestaciones espirituales”. Luego ingresó al Instituto Universitario, en donde entró en relación con el movimiento intelectual que dirigía el escritor salamineño Juan Bautista López Ortiz, alrededor de su librería Moderna.

 

Los alumnos del Instituto Universitario y los estudiantes procedentes de diferentes pueblos de Caldas, que pasaban sus vacaciones en Manizales, acudían a esta librería a buscar orientación sobre los mejores libros para leer y eran inducidos en los ideales emancipadores del liberalismo. Entonces, Arias Trujillo entró a hacer parte de esa generación de jóvenes rebeldes y de gran brillo intelectual, que prefirieron abrirse a esos difíciles caminos de la divergencia intelectual, antes que renunciar a sus juveniles convicciones políticas, arrinconándose a los halagos del presupuesto oficial. Fue así como Arias Trujillo se involucró en las toldas del liberalismo, prefiriendo la tendencia de su abuelo materno Esmaragdo Trujillo y rechazando la influencia de su tío paterno, el militar Arias Jiménez.

 

Esto marcó de manera fundamental sus subsiguientes pasos por el camino de la vida, haciéndose un librepensador que prefería la utopía de la libertad y la igualdad social, a la comodidad de los palacios donde medraban quienes se hacían al poder al calor de las ideas conservadoras. De aquí en adelante, toda la vida y toda la obra intelectual de Arias Trujillo estuvo signada por el sello de la rebeldía, el panfletarismo y la actitud contracultural. Desde sus libros más mesurados y musicales como el Diccionario de Emociones, pasando por la novela Risaralda, de marcado tono costumbrista, hasta su más empenachado libro de rebeldía social En Carne Viva, llevan la marca de un autor cáustico que no quiso claudicar en su postura revolucionaria.

 

Y quizás eso lo llevó al martirio, un martirio de autoflagelación, si se quiere, pero un martirio provocado por el desdén de quienes recibieron el golpe audaz de sus libelos.
El conocimiento cabal de la vida y obra de Arias Trujillo sólo será posible si se leen las múltiples publicaciones que se han hecho en los últimos años, en torno a este autor. Por fortuna para los manzanareños y para quienes admiramos la memoria de Bernardo Arias Trujillo, al día de hoy, este escritor ya no es ese personaje sumido en el anonimato inducido por sus enemigos durante las primeras décadas que siguieron a su lamentable suicidio acaecido en Manizales el 4 de marzo de 1938.

 

Hoy es un escritor vivamente reconocido por los caldenses, en virtud de las ya mútliples biografías y libros que sobre él se han escrito. Sea la oportunidad de recomendarles a los lectores de Manzanares, de Caldas y de Colombia, no sólo la lectura del libro que hoy presenta el académico Fabio Ramírez Ramírez, sino también, los libros escritos por Roberto Vélez Correa, Albeiro Valencia Llano y por supuesto el libro escrito por quien hoy humildemente esboza estas palabras en homenaje al más ilustre de los manzanareños: Bernardo Arias Trujillo.
* Presidente de la Academia Caldense de Historia

  • terminó
  • escritor
  • mejores

  Continúa Leyendo




Powered by