Chaplin, de nuevo

1/2

Geross

Con el título 6 Obras Maestras restauradas en HD y en folleto sencillo en cartulina untado de verde, Cine Colombia convoca a los amantes de verdad del buen cine en nuestro país, para mostrar de nuevo y en pantalla grande, en unas condiciones súper cómodas, seis de las más importantes películas del genio de todos los tiempos: Charles Chaplin.


 Tendremos oportunidad de ver de nuevo cintas de la talla de Una mujer en Paris (17 y 22 de abril), Un Rey en Nueva York (mayo 8 y 14), Monsieur Verdoux (mayo 29 y junio 4), El Gran Dictador (Junio 26 y junio 30), Revista Chaplin (una preciosa selección de algunos de sus mejores cortometrajes, julio 3 y 8) y Candilejas (Julio 17 y 22) en una de sus pequeñas salas, allá en el Centro Comercial Victoria Plaza.


Recurro a algunas de las palabras escritas por nuestro colega Sandro Romero Rey, para adentrarnos un poco y de muy buena manera, en la vida y obra del genio del cine, Don Charles Chaplin.

“Charles Spencer Chaplin, nacido en las peores condiciones sociales del East End londinense en 1889, terminaría convirtiéndose en uno de los símbolos esenciales del llamado “séptimo arte”, reconocido en todas las pantallas de un planeta cada vez más breve.


Atravesando su primera edad dorada, se fundaron compañías que se consolidaron gracias a su nombre (Keystone, Essanay, Mutual); su figura fue configurándose no solo dentro de sus inimitables números de torpezas sobrenaturales, conocidas en el lenguaje actoral como el slapstick.

El personaje de Charlot también terminaría siendo un paradigma y un símbolo, hijo único del melodrama y la comedia, de la risa y el llanto, de la protesta y la celebración. El chico o, sobre todo, Luces de la ciudad,  fueron películas de largo aliento en que el rol del vagabundo combinaba sin problemas el dolor de un desempleado con la felicidad de los golpes. Una mendiga ciega podía ser la musa de un ser insignificante, de bigotito y pantalones bombachos, de bombín y bastón, héroe de los desposeídos y cómplice de los poderosos, así todos estuvieran borrachos o despechados.

La primera mitad del siglo XX le reservó un pedestal incuestionable a Chaplin, junto al genio de Griffith y Greta Garbo, de Eisenstein y Hitchcock. Cuando el cine aprendió a hablar, iniciando los años treinta, sus largometrajes siguieron reinando en silencio, produciendo películas que, como La quimera del oro o Tiempos modernos, poseían la contundencia de un actor que se echaba la historia al hombro y con su histrionismo sostenía los templos de la felicidad. No había palabras para describirlo.


Su historia personal y su provocación política se convertirían en las dos poderosas trampas que el establishment moralista de la industria del cine le pusiese en frente para silenciarlo. No obstante, Chaplin sacaría fuerzas de su primera madurez para producir películas militantes como El gran dictador (donde combinó genialmente el rol de Hitler con el de un pobre barbero judío, lejano pariente de su vagabundo), o cantos del cisne al oficio del actor teatral, junto con su viejo colega Buster Keaton, en la inimitable Candilejas.

Los últimos años de su vida, en el exilio europeo, le servirían para acrecentar sus bromas hacia “América”, con Un rey en New York, en la que el humor negro limita con la apología del delito, en las entrañas de Monsieur Verdoux, o su viaje a los territorios del color, de la mano de Sophia Loren y Marlon Brando en La condesa de Hong Kong.
Fue coronado en 1972 con un Óscar honorario, con el que Hollywood le pidió disculpas de pie y lo llenó de glorias. Cinco años después, moriría en su mansión de Cursier-sur-Vevey.

  • título
  • verde
  • país

  Continúa Leyendo




Powered by