De la Corte del rey Arturo a Viterbo

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John Jairo Vera Ospina*

Uno de los paisajes más bellos e interesantes que nos podemos encontrar, es el que nos ofrece todo el verdor de la cuenca del río Risaralda. Pues bien, recorriendo este valle llegamos a Viterbo, empotrado en una grácil colina desde la que se observan las montañas que lo circundan y los varios kilómetros de guaduales que delimitan el paso del mencionado río, el cual, curiosamente, se desplaza de norte a sur buscando tributar sus aguas al río Cauca.


Para sorpresa del visitante, nos encontramos un hombre de espíritu juvenil, aunque haya nacido el mismo año en que Laureano Gómez levantó esa gran “cortina de humo”, como fue la de enviar el Batallón Colombia a la guerra de Corea. Hablamos de Nelson Adolfo López Díaz, un hombre de ademanes y hablar pausado, quien de joven pudo haber sido la versión viterbeña de Luis Aguilé, el ya fallecido cantante argentino.


Nelson López, como lo conocen todos en este municipio, es bachiller del Colegio Nazario Restrepo, en donde dice, con cierto orgullo, que se caracterizó por ser uno de sus “más malos estudiantes”. Luego, por esas ironías de la vida, se desempeñaría en esta misma institución educativa como secretario-tesorero por quince años.

Nelson, quien se encuentra actualmente pensionado, se considera un enamorado de la música desde la cuna, razón por la cual, ante la ausencia de lugares en Viterbo, en donde se le rindiera tributo a la lírica y los ritmos cultos, decidió fundar “Cameloc”, para lo cual unió su sala de música con la tienda que por cincuenta años sirviera de sustento a su padre, Rosendo López Valencia.

 

Este pequeño pero acogedor sitio, abrió sus puertas al público el 18 de septiembre de 1989, en uno de los momentos más críticos de esta población, debido a los altos índices de violencia e inseguridad que se vivían. Esa vez, y como sigue ocurriendo cada que le llegan nuevos visitantes, recibió a su público interpretándoles la canción “Por si no te vuelvo a ver”, hermoso bolero de la mejicana María Grever, famoso en las voces de Alfonso Ortiz Tirado, Nicolás Urcelay y Libertad Lamarque, y del que se apasionó cuando se lo escuchó cantar a don Gonzalo Jiménez Marín, quien se desempeñaba como rector del colegio Nazario Restrepo.

Por el desconocimiento que se tenía de la forma correcta como se escribía Camelot, la legendaria corte del Rey Arturo, la reina Ginebra y los demás caballeros de la Mesa Redonda, el nuevo sitió pasó a denominarse “Cameloc”, que Nelson resignificó como “Cantos, melodías celestiales. El cielo de la música”. Algo que no parece estar alejado de la realidad allí, ya que el cielo raso de este establecimiento, está tapizado por decenas de acetatos pintados con las banderas de un gran número de países, como haciendo gala a un pequeño letrero que allí recoge el pensamiento de su propietario: “La música como instrumento de paz es la mejor alternativa para unir los pueblos del mundo”.


La riqueza musical de Nelson López y de “Cameloc”, por supuesto, está representada en los más de 6.000 discos de acetato, algunos de los cuales son verdaderas “joyas” de coleccionista. Curiosamente, el propio Nelson manifiesta que muy pocos, casi ninguno de los que asisten, pide alguna canción en especial, ya que solamente se limitan a escuchar su buen gusto musical.


Por “Cameloc” han pasado más de 40.000 visitantes de diferentes nacionalidades, de los cuales su propietario se ha encargado de registrar el nombre, procedencia y firma, como la del escritor antioqueño Héctor Abad Faciolince, quien lo visitó y dejó allí su impronta hace poco. Ante semejante audiencia, el Concejo Municipal, mediante Acuerdo No. 05 del 28 de febrero de 2003, lo declaró “Patrimonio Cultural de Viterbo”, convirtiéndose así, junto con “el túnel de los samanes”, en los principales atractivos turísticos de este municipio del suroccidente caldense.

Nelson López recuerda con entusiasmo sus años de juventud, su buen gusto por la música lírica y trae a colación el tema “Clavel del aire”, el que más le gusta, en la voz del médico mejicano Alfonso Ortiz Tirado, su ídolo, del que dice que fue esa canción la que lo llevó al estrellato. Contiguo a “Cameloc”, habita él con su esposa Socorro Zapata y sus dos hijos, Andrés Santiago, estudiante de música y quien lo acompaña con la guitarra en sus interpretaciones, y Diego Alejandro. Dice Nelson, sin ninguna clase de ambages, que son su familia y su colección de discos, su gran adoración.


Podríamos decir que en “Cameloc” se sustrae uno de la cotidianidad, ya que con sólo observar sus paredes nos damos cuenta que estamos en un museo de cosas sencillas y a veces inverosímiles, con razón atrae a tanto visitante. La tarde va cayendo de manera apacible, mientras del equipo emergen las agradables notas de The Melachrino Strings and Orchestra, cuya acetato revisamos y nos enteramos que fue grabado en Londres en 1959. Como para que no nos queden dudas de lo que podemos encontrar allí.

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