El hombre que no perdió la memoria

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Alonso Marulanda Álvarez

En los tiempos que corren es difícil construir  o narrar algo nuevo, siempre partimos de las influencias. Negarlo sería una estupidez como es estúpido pretender decir que no  tenemos incidencia de otros; desde tiempos más antiguos  las mujeres y los hombres  han bebido de las fuentes que el pasado nos ha brindado, “lo nuevo nace de lo viejo y por eso es nuevo” dijo Bertolt Brecht el dramaturgo alemán y padre del teatro político.                 

            
Los presupuestos e inventarios deben ser el centro de cualquier  acto creativo, en materia  de arte la intuición no basta, el acierto científico radica en el respeto por las elaboraciones y creaciones de nuestros antepasados, es por eso que el colectivo teatral Blanco y Negro aborda el teatro histórico, con o sin pretensiones de colocarlo en pedestales; la apuesta en escena de  “El hombre que no perdió la memoria” no es más que un metarelato que restaura pasajes y momentos que parecieran olvidados y que no se pueden quedar reinando en el silencio; estos no pueden ser apenas una rosada leyenda.


Hay quienes  sostienen que la historia educa y entre ellos nos contamos como colectivo teatral, porque creemos que lo dantesco de nuestro presente es producto de la historia mal leída y propuesta por el hombre de este tiempo; lo desfigurado del sujeto latinoamericano ha provocado fisuras muy dolorosas para el presente y pasado, los fantasmas de nuestra América rompen corazones, pero tenemos la fe y lo queremos a través del arte teatral.


Como siempre desde lo fraterno, exponemos ante otros nuestro dolor como nación y que sea el teatro el que aporte, cierre y sane nuestros males sociales, deseamos como proyecto teatral que esta mueca, este gesto, robe de sus ojos la atención y sea para su gusto un acierto, pues nuestra lucidez anhela que ustedes no sean mujeres y hombres que perdieron la memoria.

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