Klimt & Schiele, eros y alma

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Germán Ossa

Qué buen rescate, qué buena idea, qué buen logro, qué buen regalo para nuestros ojos. Gracias Cine Colombia.
Tuvimos una extraordinaria oportunidad estos días (1 al 4 de noviembre) de ver esta hermosa película, en la que con la obra, conocimos y reconocimos a dos grandes artistas.
  No compartieron generación, porque Gustav Klimt nació veintiocho años antes que Egon Schiele (los mismos que duró la vida de este), pero sí fallecieron casi a la vez, en 1918. Por eso justo este año, conmemorando ese centenario, se anda mostrando internacionalmente en cine,  una exposición que repasa, a través de dibujos, sus mutuas relaciones y lo mucho que, influencias al margen, ambos pintores austriacos tuvieron en común, fundamentalmente en sus representaciones del cuerpo, provocadoras en los inicios de siglo, intimistas, inesperadas,  expresivas y abrumadoras.
Klimt y Schiele se conocieron en 1907 y  entablaron una relación de admiración y afecto  que les llevó a defenderse cuando uno y otro fueron atacados por motivos parecidos, y también que abordaron a menudo temáticas semejantes (a partir de ellas se estructura la exposición: retratos, desnudos, naturaleza, alegorías) con una frescura e inmediatez que sigue fascinando hoy.

Pero también que esa común voluntad de explorar el cuerpo humano como escenario sentimental, apartándose de caminos ya explorados y convenciones y haciéndolo desde el naturalismo y la emoción, la desarrollaron desde enfoques estéticos distintos: los dibujos de Klimt nos llaman la atención por su delicadeza, los de Schiele por su audacia. Si el primero solía trabajar en papel como proceso preparatorio de posteriores pinturas, el segundo consideraba sus dibujos obras acabadas y autónomas, y los vendía –cuando podía– como tal.


La película  muestra  sesenta dibujos, muchos raramente prestados, de ahí la gran oportunidad de su presentación en el Museo Pushkin de Moscú (hasta el pasado enero), en el Museo de Bellas Artes de Boston, que acoge la exhibición hasta mayo, y la Royal Academy de Londres (a partir de noviembre).

La cinta  inicia con trabajos tempranos de la etapa de formación de cada artista. Tras un curso introductorio de dos años en Viena, que comenzó a los catorce años, Klimt recibió una beca para continuar estudiando en una escuela técnica de dibujo y pintura en la que permaneció hasta 1883. Le fue muy útil, en todos los sentidos: se dio a conocer y recibió encargos importantes para decorar edificios en los alrededores de Viena, en proyectos en los que ya dejó testimonio de su habilidad en las texturas, representando cabellos suaves, pieles firmes, telas  rígidas y hasta livianas.


Entretanto, el talento precoz de Schiele lo convirtió en el alumno más joven  de la Academia de Bellas Artes,  cuando accedió a ella con solo 16 años, en 1906. De la muestra forma parte un retrato de hombre barbado del año siguiente en el que el artista, aún adolescente, dotaba de fluidez a esa barba, hacía erizado el bigote y peinaba cuidadosamente los cabellos. Durante su formación, parece que él permaneció atento a sombreados y modelados.


No pasó mucho tiempo antes de que uno y otro se alejaran del academicismo y sus dibujos comenzaran a gozar de una tensión y una energía muy originales, patentes sobre todo en desnudos paulatinamente menos conservadores y más cercanos a la representación de impulsos internos. El Retrato de un viejo calvo de Klimt, de 1895, es inquietante: el tono blanco ilumina la cabeza del anciano  da un brillo enigmático a sus ojos desenfocados. Esta obra y su Retrato de una niña, realizado el mismo año, le sirvieron como estudio para una alegoría dedicada a las experiencias que apareja el amor duradero.

 A Klimt no le interesaban los autorretratos y prefería centrarse en los de sus modelos femeninas. Schiele  entendía todos los cuerpos, el suyo incluido, como sujetos de evaluación artística. Muy probablemente los llevó a cabo compulsivamente, y algunos, como el Autorretrato desnudo de 1910, parecen constituir luchas del artista consigo mismo.


Volviendo a sus desnudos, hay que mencionar que es quizá en este género donde se evidencian los mutuos intereses de ambos austriacos por la experiencia física humana y sus urgencias. Pueden agitar, y fueron muy condenados por ellos, impulsos voyeuristas.


El naturalismo de los cuerpos, la traslación al lienzo de sentimientos considerados indecorosos… les valieron acusaciones de obscenidad y pornografía y se ha escrito mucho sobre las tres semanas que Schiele pasó en la cárcel acusado de inmoral. Tres de los dibujos que hizo entre rejas, en abril de 1912, forman parte de la exposición: se trata de obras audaces que sugieren poesía y desesperación.

La última sección de la muestra se dedica a sus retratos, que a ambos les valieron ganancias y contactos. Sobre todo a Klimt, pero este fue generoso y, tras el encarcelamiento de Schiele, que le dejo devastado, presentó a este a la familia Lederer: uno de sus miembros, Erich, sería uno de sus principales coleccionistas.

 

 

 

 

 

 

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