Ni la esterilidad de la palabra o la diatriba inocua

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Julián Chica Cardona

En los años 80 era para mí casi una religión salir a la calle e ir a encontrarse con los suplementos literarios del domingo, mañanas de domingo en asueto bajo el manto de sus páginas. Eran tiempos en que los voceadores de periódico no morían de hambre porque se leían más periódicos y había una mayor cuota de objetividad en la noticia, mucho antes que la T.V. y los medios digitales a su cargo prostituyeran la legitimidad del contenido.

 



Desde el 74 llegaba puntualmente hasta Pereira la revista Alternativa que -por supuesto-, era otro cuento, y muchas de las cuales aún conservo, pero cuando aquel domingo del 82, El Diario del Otún (que se imprimía en Manizales), se estrenó con su primera hojita literaria llamada hojarasquín, obra del maestro Dioscórides Pérez, me convencí que este pedazo de montaña enclavada en el eje cafetero estaba hecha para cosas mágicas.

 

 

 

 

 

Una bella página infestada de brujas y sibilas que venían de Francia, trazos del tarot egipcio, mitos de Antioquia, trovas con el diablo y conversaciones de Pedro Gómez Valderrama y Germán Espinosa, con el príncipe de las tinieblas, que ocasionó revuelo en los mentideros de la capital de la república, y aún hoy sus creadores lo han de recordar con gran cariño.

Pero lo mató el afán de la publicidad política y varios años después muerto, apareció el primer número de Las Artes (1988) con la dirección de Germán Ossa, a quien sucedió después Alberto Verón y finalmente (desde 1988) por Juan Alberto Rivera quien lleva 20 años al frente de esta idea de ciudad y territorios literarios, siendo su alma y nervio, quien conmemora con nosotros los lectores en esta fecha y en medio del aplauso y el reconocimiento de los pereiranos la proeza de estos 30 años de circulación con la anuencia de los propietarios del periódico. Tres décadas en las cuales hemos visto partir en el país, y sin pena ni gloria, los mejores esfuerzos de los escritores que nos permitían conocer el pulso del inventario poético nacional e internacional, el acontecer literario, la imagen con valor estética, la lectura crítica, porque algunos empezaron a extraviar su rumbo y cayeron en el mal gusto de la miscelánea, los chistes flojos de costurero, la trivialidad intelectual o el servilismo en favor de un clan político como le pasó a Ronda bajo el sol del periódico La Tarde que a control remoto le dieron muerte de tercera.El apostolado informativo, veraz y oportuno, enmarcado en la función social formadora de ciudad y de región que era el estandarte de todo medio escrito digno de confianza, y que se transmitía de una generación a otra, se cambió de pronto por el ánimo de usura y el desconocimiento intencional de sus principios, hipotecando incluso la consciencia; y los lectores fuimos presenciando el funeral de los suplementos de la capital de la república y las ciudades grandes, en los cuales, otrora se podía palpar al dedillo los niveles alcanzados por el pensamiento literario nacional y la evolución crítica de sus colaboradores más cercanos mientras las nuevas generaciones de intelectuales y lectores de provincia podían recoger sus mejores materiales para la consulta permanente en las precarias bibliotecas que existían.Sin embargo, Las Artes de Pereira continúa tan campante en este nuevo siglo y también nuevo milenio, igualado en la marcha con los más importantes periódicos de México o España, y firme en la idea de visibilizar los escritores y poetas que van saliendo a la palestra con sus novedades literarias o sus premios, a los críticos e intelectuales, y a los artistas plásticos para ponerlos en la mesa del lector raso.

Y valga reconocer con todo apremio e hidalguía el titánico esfuerzo que le ha inyectado desde entonces el amigo Juan Alberto a este suplemento para evitar que caiga en la esterilidad de la palabra o la diatriba inocua porque siendo igual un Don Quijote, ariete, y dinamo de sus páginas no escritas, perseguirá en ellas y hasta el fin del mundo a esa Dulcinea del arte y la literatura que son su aire que respira.

 

 

 

 

 

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