Ni soy de aquí... ni soy de allá

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José Fernando Ruiz Piedrahita*
   
La arepa es como la novena de aguinaldos: muy colombiana. ¿O será venezolana? Hoy quiero aclarar algunas creencias gastronómicas que durante muchos años hemos jurado que son ciertas, pero en realidad, no lo son.

Hace unos años fui con mi hija a La Habana, capital de Cuba, y una noche me dijo que fuéramos a buscar un delicioso sándwich cubano. Así que después de mucho caminar por algunas calles famosas de la ciudad, llegamos a lo que podría ser un puesto de comida típica y preguntamos por lo que tanto anhelábamos.

- Buenas noches señor, queremos comer sánduches cubanos.
- Buenas noches caballero… —dijo el vendedor— No sé cómo es un sándwich cubano.

La cara de desconcierto de mi hija fue de antología.  Ese sándwich no lo vendían en Cuba, o al menos allá no lo conocían con ese nombre. Le explicamos al señor cómo era el sándwich cubano y los ingredientes que tenía, pero el señor nos dijo con una sonrisa: “qué curioso caballero, aquí no conocemos el sándwich cubano”. Investigando, descubrí que el sándwich cubano es colombiano y para mayor ilustración es de Cali. A finales de los años 70 unos amigos compraron un pequeño local a un cubano que se había radicado en esa ciudad. Los amigos empezaron a vender unos sándwiches a los que ellos decidieron poner de nombre, el gentilicio de los nacidos en Cuba.

La pizza
Otros platos que sí son del país que corresponde, producen desilusión con su versión original. En una ocasión fui invitado a la casa de unos amigos muy cercanos y en medio de la conversación surgió el tema de las comidas. Uno de ellos dijo: “Fuimos a pasear a Europa y cuando llegamos a Roma los niños estaban felices porque finalmente iban a probar la verdadera Pizza italiana e imaginaban que le iban a poner piña, jamón, pepperoni… y todas esas cosas ricas que les ponen a las pizzas… la sorpresa se produjo cuando llegó la pizza original que consistía en base de pizza con salsa de tomate. Nada más”.

Papas a la francesa

Cambiemos de plato. El acompañante ideal para una hamburguesa son unas papas a la francesa. Pero resulta que las papas a la francesa realmente fueron inventadas en Bélgica. En algunas ciudades de ese país, la gente comía pequeños peces que pescaban en los ríos y los freían en aceite, pero cuando llegaba el invierno, los ríos se congelaban impidiendo la pesca, así que los habitantes pelaban las papas (patatas) y las cortaban en forma de bastón para freírlas en aceite muy caliente (El secreto de las papas crujientes está en que el aceite debe estar muy caliente antes de freírlas). Tiempo después, los franceses dijeron que la receta era de ellos, tal vez porque en medio de la guerra los soldados estadounidenses que llegaron a Bélgica y que comieron esas papas fritas, dijeron que eran exquisitas y hermosas como las mujeres de Francia y por eso las llamaron “papas a la francesa”.

Chop Suey
Otro ejemplo bien especial es el Chop Suey que no es chino, ni es japonés y tampoco tailandés… adivina, adivina de donde es… es norteamericano. La historia tiene dos versiones: La primera es que un grupo de personas entraron en un restaurante chino cuando ya éste iba a cerrar. El propietario para no perder la oportunidad de vender atendió a los comensales sirviéndoles las sobras del día que frió en aceite de oliva con algo de salsa de soya. Los comensales estaban encantados, por lo que el dueño del restaurante decidió seguir vendiendo ese plato.


La segunda versión dice que un embajador de China en Washington recibió en su casa a unos funcionarios norteamericanos cuando ya estaba avanzada la noche. El embajador le pidió a su cocinero que preparara algo rápido para atender a los invitados, pero el cocinero ya había cerrado la cocina, así que tomó las sobras del día e hizo una mezcla que sazonó con salsa de soya y a la que incorporó algunos camarones, trozos de pollo y algo de carne de res con verduras que había guardado. Lo puso todo junto en un Wok y lo cocinó un rato. Los invitados alabaron hasta la exageración el delicioso plato, al que el embajador nombró como “Trozos Mezclados” lo que en su idioma sonaba como Chop Suey.

¿Y la arepa qué?

Hay una discusión sobre el origen de este alimento tan conocido y necesario en nuestro país. En Venezuela también dicen ser los dueños de su origen y tienen razón. Un viajero y explorador italiano que vino por estas tierras cuando recién llegaron noticias a Europa de las riquezas encontradas en el nuevo continente, el explorador Galeotto Cei, escribió en sus crónicas de viaje lo siguiente:
“Hacen otra suerte de pan con el maíz a modo de tortillas, de un dedo de grueso, redondas y grandes como un plato a la francesa, o poco más o menos, y las ponen a cocer en una tortera sobre el fuego, untándola con grasa para que no se peguen, volteándolas hasta que estén cocidas por ambos lados y a esta clase llaman arepas y algunos fecteguas. (Cei, Galeotto, viaje y descripción de las Indias-1539)

Pues resulta que la arepa es común en los dos países. Colombia y Venezuela comparten el origen de la arepa. En Colombia se conocen 75 recetas que varían según la región. La arepa paisa, de maíz blanco o amarillo, la arepa e’huevo, la boyacense, de choclo, la santandereana, la rellena con queso que venden en El Cardal en el sector de Cuba de Pereira y muchas otras. Mi abuela me hacía una arepa redondita a la que abría por un costado y rellenaba con cascarita de chicharrón molido… en fin… tantas delicias. Plato típicoPero nos queda una inquietud grande: Pereira no tiene plato típico. Se han hecho intentos poco exitosos para buscar el sabor propio de nuestra ciudad, pero… ¿cómo sería ese sabor? Tal vez un sabor a fríjoles o a maíz… no sé. Voy a buscar libros de recetas tradicionales, en la Biblioteca Pública Ramón Correa Mejía a ver qué encuentro.


Como me gusta cocinar, voy a ver si puedo inventar algo, un plato diferente. A mi hija le encanta una arepa que yo hago y de la que les comparto la receta: debe quedar tostada y encima se le pone jamón en trocitos el cual ha sido sofrito en aceite de oliva. Se agrega pimienta, hierbas picadas como albahaca, y tomillo. Al final se le pone encima una lonchita de queso que se deja derretir. Le pusimos: Arepa Sexy. Si le ofrecen esa arepa en otra parte, ya sabe:  me la inventé yo…y buen provecho.


* Comunicador Social. Promotor de lectura y producción textual. Biblioteca Pública Ramón Correa Mejía.
jofer62@hotmail.com

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