Pocas palabras, muchos sentires

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Fabiola Maya Ruiz

No se requieren cuantiosas palabras pero sí muchos sentires  cuando de Pereira se escribe, ella cuenta en su haber un profundo historial, aquí todos conjugamos su cronología  en el diario vivir.
Privilegio y orgullo haber nacido en este suelo donde nuestros ancestros  sembraron y abonaron con bondad  la semilla del porvenir de una hidalga ciudad, cuya tierra al germinar miró al cielo prodigando bienaventuranzas  las que llovieron luego copiosamente sobre este terruño  en entrañables  valores de  gentileza, sentido de pertenencia y don de gentes.


Mi antigua casa donde nací, de altos  aleros con  esencia  a nogal, tejas de barro vestidas de verde  musgo, solariega, en bahareque bruñido,  rústicas  ventanas cuyos postigos guardaron en silencio secretas promesas de amor y sentidas serenatas,  patios traseros  con fragancia a albahaca,  olor a guayaba dulce y brevos en flor, jazmín mañanero, coloridas  azaleas, novios y rosales, excéntricas  begonias de flores amarillas, palmas de corozo saludando siempre  el paisaje, tapias viejas con encendido fuego de amor, todo formaba un  círculo  afectuoso  familiar; estaba ubicada  en el marco  de la calle 16 con la 3ª y la 4ª  por el mismo andén donde don Juan Suárez Zorrilla egregio pereirano, habilitó para la sociedad un selecto grupo de estudiantes, los cuales no dudamos  que sirvieron y dieron honor al colegio Instituto Caldas, que funcionó por más de 20 años con inmenso prestigio educativo en la región, cuya vieja estructura aún vive  ocupada por el Gimnasio Risaralda.


Por  esta empedrada y  empinada  calle, hace 70 años  bajaban de caseríos y veredas arriba de la acequia, por el estrecho y enmatonado camino cubierto de olorosos helechos y tunosas moras, sendero que llevara tiempo después  el nombre del santo Via Crucis, elegantes gamonales que se dirigían al centro de la ciudad con dirección  a la Plaza, vestidos de drill blanco y sombrero del mismo tono, descalzos, seguros de su porvenir, formando luego corrillos donde se comentaba la política cotidiana, se discutía sobre productos del campo, se hablaba de carestía , terminando su tertulia alrededor de copas y coperas que los atendían con esmerado celo en cafetines conocidos,  otros  se dirigían a escuchar la santa misa en la iglesia de Nuestra Señora de la Pobreza cuando aún no era Catedral solo parroquia. Alli, religiosos desde el imponente  púlpito que la modernidad sacrificó, aconsejaban a los parroquianos  escoger los candidatos de un color partidario, para  llevar las riendas de la comarca. No constituía  anatema que el clero  abordara estos temas y más aún,  eran bien vistos. Los  cargos en su mayoría  eran  honoríficos,  desempeñados con altruismo, generosidad  por ciudadanos de bien.

La emblemática plaza acogía a otros  lugareños  que se reunían su entorno y diferentes costados.  Rodrigo Arenas Betancourt tenía en ciernes esculpir el Bolívar desnudo. Apreciables edificaciones le daban señorío a esta zona, la Casa  Marulanda, entre otras  conservando  su valor histórico fue  habitada por prestante familia de la alta alcurnia,  construida por don Juan María Marulanda en 1876,  durante largos años permaneció ocupada  por su parientes incluyendo a  su hija doña Esther Marulanda de Botero que se conocía como “La Tía”, personajes que conformaron el blancaje pereirano, estos antepasados  nos permiten continuar admirando una lugar  que fue y es reliquia arquitectónica bien apreciada .


Hacia el lado norte de la plaza,  una amplia casona de dos pisos  y holgados  corredores  cuya  fachada  miraba a través de   frondosos mangos la cotidianidad, sus  verdes y  espaciosas ramas  presenciaban el florecimiento de la ciudad ,  estaba asentada la imponente comunidad donde funcionaba el colegio Inmaculado Corazón de María Franciscanas,  preparando en  sus aulas a las nuevas  generaciones de jóvenes mujeres .


Los llamados ricos gustaban  vivir en el centro de Pereira, en espaciosas mansiones, cuyas amplias salas de recibo estaban  adornadas con elegantes  y  finas porcelanas de Capo Di Monti venidas de Italia,  insuperables Lladró de origen español, reverenciadas lámparas  en vidrio de Murano de la antigua  Venecia,  jarrones y espejos en cristal de Bohemia de la lejana Checoslovaquia, toda una bella época.

Era plata buena la que tenían los acaudalados   de aquel tiempo, el dinero  tenía un alto valor adquisitivo, abundaban las monedas y los billetes de 50 centavos, escasos vagabundos deambulaban las vías, uno que otro borrachín, la propaganda  y anuncios públicos se  realizaban  a viva voz por las calles y carreras, al paso de un entierro los ciudadanos se sumaban al cortejo y marchaban solidarios hasta el cementerio de la 33 con 6ª.


Tangos y pasillos, canciones de Margarita Cueto y Juan Arvizu, del doctor Alfonso Ortiz Tirado, Agustín Lara, las Hermanas Padilla se escuchaban en bares y cantinas, en los llamados cafés, donde el aroma y el efluvio del café arábigo perfumaba con sabores y sentires el alma de la adolescente ciudad.


Nuestro ancestro fue multicultural, a machete, mulera y ruana se fue tejiendo el civismo de esta patria chica, noble y acogedora que arriba a sus 155 años. Cuánto agradecimiento te debemos ¡Oh Pereira! eres fragante y hermosa, de la diosa Afrodita recibiste el encanto, el amor y la belleza, la abundancia  es tu signo, paso a paso te han ido construyendo en valores quienes te aman, cada ciudadano es testigo de tu bienandanza, don Luciano Garcia te amplió el mundo : “Aquí no hay forasteros todos somos pereiranos”.

La pluma del doctor Alonso García Bustamante te hizo crecer y conocer en la diversidad sana de la opinión diferente, El Fuete se distribuía entre quienes comulgaban con la filosofía de su director, El Diario fundado por don Emilio Correa Uribe y dirigido por años por don Camilo Mejía Duque de orientación liberal, contaba con columnistas de la dimensión  del doctor Jorge Mario  Eastman, autor del “Milagro Alemán”, ampliamente destacado en la opinión de los cultos de la época, obra que obligatoriamente teníamos que leer y analizar  los estudiantes de Derecho, y hacía parte integral de la cátedra de Instituciones Políticas que dictaba en la universidad. Aquí  en este periódico balbuceé  mis primeros escritos sobre la política, igualdad y equidad para la  mujer.


155 años, miles de pasos dados para vivir en el futuro, la  ciudad de la cual nos enorgullecemos,  tu Bandera y tu Himno te hacen única  e irrepetible, naciste para quedarte en el corazón de tus conciudadanos, tus símbolos son testimonio de  la gallardía y  el empuje de un pasado  vivificante, notas y colores que remontan espacios  siderales, franjas que ondean el azul del cielo,  con vientos de libertad, la prensa escrita se dirige  a  ti con respeto, este medio difunde tus progresos a vastas distancias, su  espíritu libertario te hace grande, inculca los valores de la cultura y propende en su filosofía trabajar por los intereses del bien común de manera abierta y respetuosa.


Esta era mi Pereira de antaño. Hoy más que nunca están vigentes las palabras  de tu inmortal  Himno a Pereira que acunas en tu majestuoso seno:
 “Salve al esfuerzo de mis heroicos
y buenos hijos que con amor,
me dieron nombre, me dieron fama,
me hicieron grande, me dan honor”.
. ..bella  y radiante Perla del Otún...

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