Cargas de profundidad. La esperanza contra el ilusionismo


Gabriel Alberto Toro Peláez

Algunos jóvenes encantados con el ilusionismo promesero que Petro lanza al aire, en desesperado intento por conquistar el Solio de Bolívar, abandonan locamente realidades nacionales comprometiendo, al estilo del presidente Santos, el patrimonio de futuras generaciones, que pagarían los desafueros del actual mandatario y los proyectos alucinantes que el aspirante ondea en sus banderas comunistas.


Cambiar el aguacate por el petróleo, acabar con los cultivos de caña de azúcar, el aceite de palma; la ganadería; la propiedad privada; la inversión extranjera; la libre empresa; el ataque a los mercados de libre comercio; en pocas palabras: perseguir el capital, imponiéndole mayores cargas tributarias y aranceles, producirá antes que su reparto, la ruina de todos los negocios: fábricas, tiendas, supermercados, fincas, hoteles e industrias, que se irán envueltos en la ilusión de distribución entre los pobres.

Ese absurdo programa presidencial de Gustavo Petro, causará la quiebra de los colombianos, la fuga de capitales, pérdida del empleo, frustración de las nuevas generaciones agobiadas bajo el pesado fardo del socialismo del siglo XXI, que tendrán que romper sus alcancías para pagar los compromisos de sus ilusiones comunistas, sin encontrar trabajo, para sustentar sus fantasías juveniles.


Por el contrario, la juventud debe pensar que con Iván Duque llega un relevo generacional, un nuevo estilo de política, afincado en las realidades nacionales, la confianza inversionista, la prosperidad económica, que reviva la empresa privada y genere el emprendimiento, para convertir en posibilidades ciertas las aspiraciones generacionales de padres e hijos, quienes al terminar su bachillerato, ya capacitados en técnicas de trabajo, pueden acceder a nuevas metas dentro de la libertad económica y su natural emulación.


La libre empresa traerá consigo el mejoramiento de su capacidad productora y con ella: la prosperidad general, el empleo, la eficiente prestación de los Servicios Públicos y de Salud; el bienestar general y la armonía, que equivocadamente se buscaban, entregándole todas las ventajas a los criminales, mientras al sufrido pueblo sólo le quedaban sus frustraciones.
Por fortuna se avizora el esperanzador triunfo electoral de Iván Duque que construirá el país amable y próspero que anhelamos todos.

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