Colombia humana


Iván Tabares Marín

El candidato Gustavo Petro se molestó y me trató mal cuando en twitter intenté de mostrarle la contradicción implícita en su lema de campaña “Colombia humana”. Ese eslogan parece escrito por el filósofo Hegel o por un ideólogo de derecha y no por un revolucionario de izquierda, decía mi comentario, palabras más o menos. Como casi todos los colombianos me equivoqué al catalogar a Petro de marxista debido a que nos acostumbramos a identificar a todo guerrillero con la izquierda; en realidad, Petro ha militado toda su vida en la derecha.


A la edad de 17 años se vinculó a la guerrilla derechista del M-19 y cuatro años después fue personero de Zipaquirá y concejal por la ANAPO, la Alianza Nacional Popular, el partido de exdictador Gustavo Rojas Pinilla, cuyos nietos Samuel e Iván Moreno Rojas fueron a la cárcel por corrupción. También muestra sus simpatías con la derecha un diplomado que hizo en la muy católica universidad de Lovaina, circunstancia que explicaría su defensa de la doctrina social de la iglesia en la campaña por la alcaldía de Bogotá. Ahora dice que es keynesiano.

Del marxismo, el plan de gobierno de Petro solo conserva el odio de clases tal como lo estimuló cuando fue alcalde de Bogotá; ahora su dialéctica del aguacate repite los acuerdos de paz y engaña a los campesinos con la promesa de un pedazo de tierra expropiado a los ricos, programa sin sentido en la época de la globalización y de la tecnología en la que ser dueño de una cuadra no garantiza nada.


Pero la confusión entre derecha e izquierda no es solo nuestra. El peronismo de extrema derecha utilizó a los sindicatos para tomar el poder y hoy es aliado de Maduro, Evo que no lee y Ortega. Las formas extremas de derecha e izquierda se identifican. Si para los nazis la historia era una lucha de razas, para la izquierda era una lucha de clases orientada a estigmatizar al burgués y deshumanizarlo.


Es completamente lógico que el lema “Colombia humana”, de claro contenido derechista, haya sido asumido por Petro, aunque los muchachos entre 18 y 24 años, el único grupo etario en el que Duque no lo supera, no sepan de qué estamos hablando. O no les importa, porque ese mismo grupo prefiere una dictadura a una democracia como mostré en otra nota.

Aclaro ahora mi error. En una visión moderna y estructural del marxismo, el proletario y el burgués se definen por la posición que ocupan en la organización económica capitalista; en cambio, en la visión idealista de Hegel y de la Ilustración, que inspiró la revolución francesa democrática y burguesa, su condición humana les garantiza el reconocimiento como personas y como sujetos de todos los derechos constitucionales, sean asalariados o no.  El proyecto de Petro solo tiene de humano el nombre.

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