El camino del posconflicto


Jairo Arango Gaviria

El camino del posconflicto no está tapizado de pétalos de rosas; por el contrario está lleno de espinas. Un proceso que terminó con un conflicto con las FARC de más 50 años, no se espera que a corto plazo produzca los resultados esperados.


En diferentes partes del mundo donde se han logrado acuerdos de paz, ningún resultado ha surgido de inmediato. Todos son procesos de largo alcance, que incluyen incluso dos o más generaciones, si tenemos en cuenta que la paz es un proceso por etapas, donde siempre se ha previsto que la del posconflicto es la más espinosa, y la que más palos en la rueda tiene que sortear.

Por fortuna para el proceso de paz, este no tiene marcha atrás. El congreso la dejó blindada y los ojos de los organismos internacionales de derechos humanos, ofician como interventores y centinelas, no solo para que el proceso continúe su marcha alcanzando las metas propuestas, sino en la fiscalización de los recursos económicos que se destinarán con tal fin.


El pueblo colombiano ya ha sufrido por mucho tiempo la violencia en todas sus manifestaciones, como para volver a una etapa de odio, terror y muerte. Nadie ha dicho que el proceso avanza sin escollos ni dificultades; como otros procesos que conllevan cambios sustanciales, este los tiene muy grandes, sobre todo en esta etapa del posconflicto, donde los desmovilizados de las Farc, encuentran muchas resistencias para su socialización, por una parte de la sociedad, que aún se resiste a creer que este, es un proceso real, que se firmó, que se reglamentó, que cuenta con instrumentos jurídicos como la JEP, donde se juzgan no solo exmilitantes de las Farc, sino también militares, paramilitares y civiles que hayan participado en el conflicto que concluyó en su primera etapa en la Habana con la firma del documento de paz.


Mientras más rápido comprendamos que la paz se firmó y que estamos en la etapa del posconflicto, menos traumatismos sufrirá el país para mejorar sus fuerzas productivas y la aceptación a la vida civil de los desmovilizados.

Esta etapa del posconflicto va a ser lenta y larga, porque el carro de la paz tiene demasiados taches en la vía, que podría ser más expedita y amable en la medida en que la parte de la sociedad que aún no lo ha aceptado, lo haga con buena actitud, dejando atrás la cizaña, el odio y las ganas de hacer política, desconociendo que lo mejor que le ha ocurrido al país en este siglo XXI, es la firma de la paz.

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