Gestión humana: Del discurso idealizado a la acción coherente


Juan Carlos Muñoz Montaño

Al escribir hace diez años el artículo: “A propósito del sentido de lo humano en la empresa ¿utopía o realidad?”, pretendía dar a conocer la situación de lo que sucedía en algunas empresas de la Región, desde el significado que daban al ser humano los directivos y sus inconsistencias entre lo que se argumentaba y lo que era finalmente el reflejo de sus prácticas.  Lo difícil de comprender es que durante esta década he contado aproximadamente con unos 1200 estudiantes de posgrado de diferentes organizaciones públicas y privadas y de múltiples sectores, encontrando como respuesta generalizada: “Profe, ese artículo parece que lo hubiera escrito contando lo que pasa en mi empresa”.


No debería llamar a la alegría estos comentarios, pues el artículo en su momento hacía una denuncia pública entre el discurso idealista de lo humano en la organización y su incoherencia con las prácticas. En muchos casos nuestros directivos han incorporado la respuesta automática de lo humano desde: “aquí la gente es lo más importante”, “nosotros somos una gran familia”, “ésta es una gerencia de puertas abiertas, aquí cualquier persona puede expresar lo que piensa sin temor a represalias”, sin embargo, como respuesta de las investigaciones realizadas se evidencia que al momento de tomar decisiones orientadas a reducir los gastos o mejorar la eficiencia, el primer aspecto a considerar es la reducción de personal, lo cual muestra la preponderancia de lo financiero y la inconsistencia en el discurso, que se adapta como moda administrativa y que incluso establece: “hemos pasado de llamarnos Departamento de Recursos Humanos a Gestión del Talento Humano”, o como ya algunas empresas lo han incorporado “Departamento de Gestión de la Felicidad”, pero que en nada evidencia la realidad, pues siguen realizando las mismas prácticas e incorporando técnicas para manipular al otro a través de programas transformacionales que buscan obtener un mayor control del colaborador.


Hoy se conocen organizaciones que promueven cómo debes vestir, qué sitios puedes frecuentar, qué tipo de vehículo debes tener, con qué tipo de personas te puedes relacionar, invadiendo incluso el fuero interno de la persona y llevándonos a la pregunta por: ¿de qué tipo de ser humano estamos hablando? Para dar respuesta a este interrogante, retomo las palabras de Omar Aktouf quien como resultado de sus investigaciones en este campo escribe: “de un ser humano me atrevo a decir truncado, ya que, en este siglo de triunfo de las organizaciones y del pensamiento único liberal, se clama por doquier (más que nunca) que el empleado es el capital más preciado, pero… para echarlo a la calle como nunca antes”.

De este tamaño es la incoherencia entre el discurso y la práctica de muchos directivos cuando se trata el tema de la gestión de personas. Por ello, esta columna pretende hacer un llamado a la reflexión sobre el verdadero sentido de lo humano en la organización, para que dentro de una década no tengamos que repetir nuevamente esta misma premisa, “la gente es lo más importante…”, y hacernos la pregunta: ¿para qué?

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