Herejías, Creo que vivir en Colombia


Juan Manuel Buitrago

Creo que vivir en Colombia, en México o en Argentina es una aventura impredecible. El futuro lo es en todo el mundo, claro, pero en estos países – para no hablar de casos extremos como Nicaragua o Venezuela – los problemas económicos le cogieron ventaja a las instituciones encargadas de resolverlos y la vejez de quienes ahora están en su edad productiva está amenazada por la incertidumbre política.


El sector privado maneja sus instituciones financieras con una crueldad espantosa. Cuando usted cumple 70 años recibe una carta de su aseguradora diciéndole que ya no está asegurado, el banco le comunica que por no tener derecho a un seguro de vida tampoco es elegible para recibir un préstamo y la EPS le avisa impunemente que anualmente le incrementarán el costo al doble o al triple de lo autorizado por el gobierno para los cobros a personas de menor edad.
Como el colapso del sistema pensional del Estado es inevitable a menos que adopte la crueldad del sector privado y como la Constitución del 91 ordena a los legisladores desconocer esa realidad, el próximo gobierno tiene las manos atadas para hacer una reforma factible.


Nosotros, los ancianos, no tenemos ya niños para educar, somos un peligro si utilizamos vehículo particular, deberíamos tener una casa o apartamento propio y deberíamos resignarnos a aceptar que no es sensato costear tratamientos médicos costosos para recuperar la juventud. En esas condiciones las mesadas exageradamente altas que tienen un soporte tan falso como el de las pirámides de las cuentas de ahorro tramposas, deben revisarse para tranquilidad de los mismos beneficiados que ahora se niegan a discutir el asunto.


El presidente Duque ya nos anunció que hará un gobierno de jóvenes, con jóvenes y para jóvenes. Los mayores de 50 años deben irse preparando para una obsolescencia anticipada y en un país que se ha envejecido mucho durante los últimos 30 años es preocupante que no tengamos prevista ninguna estrategia para enfrentar ese problema sin traumatismos sociales.
Las ciudades pequeñas de Colombia y el sector rural serían un albergue muy adecuado para la población mayor pero carecen de seguridad contra los asaltantes y tampoco tienen servicios de salud bien dotados. El Código Laboral no ha sido revisado para alentar la contratación de personas mayores en las ciudades pequeñas otorgando alicientes a futuros empleadores. Como en el caso de las familias con algún hijo drogadicto donde el tema de la droga no puede hacer parte de la conversación, del problema del envejecimiento de la población no se habla y eso en lugar de ayudar empeora la situación.

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