Humanismo


Héctor Tabares Vásquez

En personas encasilladas en un cliché denominado “chapadas a la antigua”, o clásicos, en el mejor de los sentidos, no resulta extraño encontrarse ante al eterno cuestionamiento de buscar una identidad, de preguntarse continua e incesantemente, quiénes somos, de dónde venimos, hacia qué lugar nos dirigimos. Es el vagar por entre sendas de indagación, de respuestas adecuadas, de satisfactorias indicaciones alrededor del tema recomendado. Y en tal divagar pasa la existencia, metido en la vida misma, en las disquisiciones de los peritos y expertos en la especialidad.

La primera experiencia al respecto, la localizamos desde los albores, en el crecimiento al lado de nuestros ancestros, en la familia, en una sociedad, junto a los credos y la religión inculcada a través de maestros y sacerdotes. Y luego van sucediendo hechos y acontecimientos incidentes de algún modo en la ruta sugerida, asaltando la duda y recurriendo a otras latitudes, producto de una rebeldía propia de la edad y de la relación con el medio y sus circunstancias.

Una actitud, frecuente y estereotipada, encaminada necesaria y causalmente, a los extremos, al radicalismo, cayendo inexorablemente en una tendencia nihilista o en el peor de los casos, en un pensamiento revolucionario, aproximándose a las catequesis del materialismo y etiquetándose en su adoctrinamiento.

Es en esta etapa en la cual queremos devorar el universo, dejándonos absorber de los romanticismos y de las utopías, siguiendo líneas de conducta poco ortodoxas e incurriendo irremediablemente en un sectarismo incomodo y detestable. Empero, esa similar insistencia en hallar la autenticidad del origen, proporciona más salidas y obliga a mantener firme la clase de pauta trazada y el proseguir investigando sobre el particular. Es la razón y el motivo de conservar la disciplina sana y benéfica en una lectura incrustada definitiva y afortunadamente en el quehacer cotidiano.

En este peregrinar es habitual estacionarse diariamente, saltando de una autor a otro y esperanzado en descubrir el tipo ideal de reflexión, capaz de dotarnos de los instrumentos y herramientas racionales, mediante las cuales poder contestar a los requerimientos de una mente inquieta y en constante zozobra cultural e intelectual. Quizás o seguramente asomen en el campo de la erudición los individuos idóneos en ese propósito, no obstante, últimamente percibimos en Yuval Nohah Harari un punto de confluencia en el arduo sendero del conocimiento y estimado como el filósofo de la época.

En Homo Deus, De animales a dioses y el de recién aparecimiento en el mercado, Las XXI lecciones para el siglo XXI, hemos bebido un caudal inigualable de sabiduría, porque el estilo y posición frente a las actuaciones del hombre contemporáneo, colman y respaldan muy a fondo las expectativas propuestas en un complejo globalizado pleno de una sacudida científica, tecnológica y la apertura de una brecha de ilustración en el profundo mundo de la inventiva.

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