La adicción al celular, un mal que aumenta día a día


Fabio Castaño Molina

Hasta el mismo Papa Francisco lamentó en una de sus audiencias de los miércoles en el Vaticano, del efecto nocivo que el mal uso del télefono celular viene haciendo a la unidad familiar y por ende a la misma sociedad. Este elemento que cada vez tiene más acogida entre los amantes a las tecnologías inteligentes, viene surtiendo un efecto contrario entre muchos de sus usuarios que al parecer se han embrutecido y deshumanizado por la desmedida depencia de estos aparatos. Si usted es de los que no sale a ningún lugar sin su celular, si duerme con él al lado y lo primero que hace al despertar es revisarlo, si lo mira inconsciente y automáticamente, si siente ansiedad o estrés cuando no puede contestar y no sabe quién lo llama; si lo revisa al hacer ejercicio o va al baño con él; es muy probable que esté padeciendo una enfermedad denominada nomofogbia, que en buen cristiano se traduce como el miedo compulsivo a estar sin su teléfono celular.


Que lástima que este utilísimo dispositivo multifuncional que nos permite escuchar y ver a nuestros amigos y familiares residentes en sitios bien lejanos y acceder a una muy valiosa información a través de la web, esté generando no solo problemas en la unidad familiar y empresarial, sino también generando por su inadecuado e irresponsable uso frente al volante, cientos de accidentes de tránsito en las carreteras. De allí que las autoridades de tránsito sean más rigurosas con sus operativos para sancionar e inmovilizar, si es del caso, a quienes sean sorprendidos hablando o chateando mediante sus celulares.


Lo grave del asunto es la forma como algunas personas, y en especial muchos jóvenes, se han apegado a estos aparatos cautivados por unas redes sociales que solo enarbolan la bandera de lo superficial o lo inútil. Ya no son las ventanas de nuestras casas o apartamentos las que utilizamos para fisgonear qué hacen nuestros vecinos. Son el Facebook, el Instagram o todas aquellas aplicaciones que sin medir las consecuencias muchos vienen utilizando para dar a conocer muchas de sus intimidades y quedar en el escarnio público.


Las redes sociales, que manipulamos especialmente a través del celular, y que no niego tienen una gran utilidad en nuestras vidas si se manejan con responsabilidad, se están convirtiendo en una grave amenaza para la unidad familiar y social. Vale la pena hacer en familia y por qué no, desde diferentes estancias del Estado, una profunda reflexión sobre los comportamientos éticos o protocolos adecuados que debemos asumir ante los retos que nos plantea la tecnología, y en especial la que viene inmersa a través de la telefonía celular.

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