‘‘La ropa sucia...


Héctor Tabares Vásquez

Se lava en casa”. Refranero popular de sabia y trascendental filosofìa de vida. Enrique Jadier Poncela, un escritor y humorista español de la vieja guardia, lo describía de una manera muy patríotica y curiosa, al expresar cómo la familia era una bandera que no podía ondearse en cualquier parte. Viene a colación este aspecto, en un medio ambiente propicio para el enrarecido clima de descontento, observado en los entornos hogareños, lugares de cita o de encuentros sociales y reuniones de toda índole, caracterizados en la calumnia, la murmuración, la conseja.

Somos, infortunadamente, una comunidad llena de lunares y de pequeñas imperfecciones, engrandecidas e incrementadas, a causa de nuestra incomprensible forma de actuar ante quienes tenemos mayormente cerca o supuestamente son de la entraña. Igualmente vemos reflejado el incordio en menciòn, dentro de las esferas laborales y los centros de trabajo, públicos o privados, encontrando en ellos el fenómeno puesto de manifiesto, al salir la persona de la empresa, dejar sus tareas, al margen de los motivos, acudiendo a su mente todo un repertorio de defectos de los jefes o patrones, de la entidad, de los propios compañeros.

Aquí también hay pérdida de la la idea anunciada y violándose esa enriquecedora concepción de la discreciòn al hacer alusión al mundillo donde pertenece. O sea, palabras más o menos, han colapsado, tantas otras virtudes y dones, aquella del tacto, de la prudencia, de la habilidad en guardar los hechos delicados e inherentes a la intimidad de las gentes y de los ambientes parentales, de la cofradìa en la actividad. Y qué decir en materia de política, cuando se alborota el cotarro,llegan los comicios electorales y aparecen las candidaturas, de las cuales derivánse la serie de conflictos relativos a las desavenencias de los partidos y entre estos de los aùlicos, cada cual buscando la posiciòn deseada, sin importar a costa de què amistad, colega o partidario es la cabeza a caer, luego de haber despotricado o aventado a equix sujeto.

En un universo cuyo modelo coloquial no es diferente al de un espectàculo reiterado de pasarse la existencia en función de los demás, pero en un sentido perverso y dañino al dedicarse durante las relaciones largas o furtivas, a cazar la noticia del momento y el chisme del dìa, a raja tablas volviendo una faruca la personalidad de alguien, aumentando la prole , los cariños de otros, las aventuras del fulano, los quiebres desventuras del tal, descontando el modo indolente e irresponsable de jugarse con la honra de los individuos. Duele referirse al tema en las condiciones anteriores, más aún, en el imperativo de reconocer el craso error en el cual incurrimos, no solo participando de los círculos asiento de ocurrencia de los operativos anotados, sino quedándonos calllados y asumiendo la actitud de un silencio cómplice.

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