​Los lectores como protagonistas del ecosistema del libro


*Carlos Sánchez Lozano

El libro impreso ha necesitado más de 500 años para consolidar su poder y, a su vez, contemplar su crisis. Esta crisis no debe ser entendida como decadencia, sino como una oportunidad de mirar su renovación. Ello se puede hacer desde una perspectiva dinámica que ve los nuevos productos culturales —el libro electrónico, por citar uno— como reinvenciones de otros, pues une nuevos sistemas de comunicación que permiten su resurrección y su acomodación a un entorno histórico distinto.


El mundo del libro está conformado por un ecosistema de actores, cuyo protagonismo ha cambiado con el paso del tiempo. Entre ellos están los autores y los lectores. También están los editores, diseñadores gráficos, vendedores, promotores de lectura, agentes comerciales, gente de marketing y bibliotecarios. Después de la revolución de internet y de las redes sociales, el actor principal de ese ecosistema es el LECTOR.

La construcción de un lector autónomo, moderno, es un acto histórico-cultural complejo y lento que supone la sintonía de diversas variables. Por ejemplo, no habrá lector autónomo si este antes no ha sido lector heterónomo, es decir, un lector que requiere el apoyo de mediadores. El mediador lo invita a entrar al mundo del libro y la lectura, y lo ayuda a interpretar los textos. Esos mediadores son los padres de familia, los profesores, los bibliotecarios, los promotores de lectura, los compañeros de colegio.


La lectura autónoma requiere condiciones de posibilidad; la más importante: la democratización del acceso al libro. La primera revolución de la cultura escrita en Colombia generó una elitización de la lectura. En efecto, los libros, ya publicados en un margen más amplio de producción manufacturada, seguían siendo apropiados por élites que construyeron la imagen del “lector culto” (varón, blanco, adinerado, con posición social y política de poder). Es la imagen de un lector que deja en su casa un amplio espacio para acumular libros en una biblioteca privada de miles de volúmenes y que publicita su eliticidad.


Otra élite que ha cumplido un papel cuestionable en la democratización del libro es la crítica literaria académica. Ella ha cumplido ciertamente un papel de exclusión, centrada en legitimar los textos canónicos, y así descuidó al lector, sobre todo, al “lector débil”, como lo denomina Joëlle Bahloul, en Lecturas precarias (2002). Lo cierto es que el canon literario, como mandato exterior de lectura, tiene los días contados; se va abriendo un modo de lectura de masas que algunos definen como posmoderno.
* Universidad Cooperativa de Colombia

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