No hay problemas cuando hay soluciones


Rubén Darío Franco Narváez

No es necesario sacrificar a nadie para aplacar la voracidad del Minotauro, encerrado en el laberinto colombiano por invisibles titiriteros apostados en orillas opuestas, originando  problemas  donde no los hay.


Claro que nuestro país atraviesa por una crisis, palpable en la Educación Superior. Pero, sí observamos detenidamente todo nuestro potencial, podemos asegurar que no hay problemas cuando existen soluciones.

La lección nos la regaló el historiador inglés Arnold J. Toynbee: “Una nación permanece fuerte mientras se preocupa de sus problemas reales, y comienza su decadencia cuando puede ocuparse de los detalles accesorios”.


El hueco fiscal en Colombia que inicialmente tasaron en 14 billones y, que en pocos días, con ojo avizor revela una cifra de 30 billones de pesos. Inclusive, pueden aumentarlo al doble; pero las medidas para rellenar el hueco, son sencillas:


De aplicación inmediata -Un 70% de impuestos a las bebidas embriagantes, extendido a todas las substancias tóxicas. El 50% al total devengado por cada Padre de la Patria. El 65% a los artículos suntuosos, abarcando los perfumes. El 40% a las propiedades  de engorde.  A corto plazo -Sistema unicameral, con representación efectiva de cada uno de los 32 departamentos del país.

Las denominadas “Barras Bravas”, pueden ser controladas con medidas prácticas, estableciendo sitios especiales distantes de los escenarios deportivos; donde los integrantes de las mismas, puedan disfrutar de cada partido, disfrutándolos en pantallas gigantes; lógicamente con la supervisión de las autoridades competentes, sin armas y sin drogas, con refrigerios y transporte gratuito, auspiciado por los equipos anfitriones con recursos provenientes de una contribución del 20% de la boletería numerada.


En Educación Superior, urge la disposición segura y garantizada de sitios adecuados para que los estudiantes puedan recibir puntualmente sus clases, sin ser afectados por los amotinados. Obviamente, sin dilaciones, se debe asignar el presupuesto pertinente.


Y… volviendo al laberinto, debemos alertar que no  salga un Ícaro volando con alas, pegadas con cera, y los rayos solares lo derruyan lanzándolo al extenso azul marino.

Nos abre las puertas de la esperanza el compositor de jazz, estadounidense, Duke Ellington: “Los problemas son oportunidades para demostrar lo que se sabe”. 

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