Nuestra sólida carta del 91


Alfonso Gutiérrez Millán

Según el profesor George H.Sabine ( un clásico entre los estudiosos de politología), el árbitro de todas las controversias politicas es el poder.Alrededor suyo giran todas las ideologías, todas las ambiciones y todas las propuestas electorales. Y para controlarlo, los políticos realizan periódicas volteretas. Ejemplo de esto lo tenemos en Duque, quien hoy afirma que su propuesta de mezclar el poder judicial con el ejecutivo será “consensuada” nada menos que ¡Con los integrantes de las cortes que propuso suprimir! Y según Petro, ya no habrá constituyente, y los palmicultores o a la familia Char no serán perseguidos etc etc. Ah…y las pérfidas EPS ¡Tampoco se suprimirán!


Semejantes transformaciones “ideológicas” se realizan porque cada candidato sabe que “el otro” no podrá realizar sus amenazas, debido a un hecho reconocido en el ámbito del derecho constitucional: ni la tutela, ni la racionalidad democrática de nuestra corte constitucional han sido desbordadas por ningún presidente; incluyendo al mismísimo Uribe, quien debe sus afugias judiciales al abuso de esa especie de polícía política que encarnaba el tenebroso DAS.


Aunque la carta del 91 haya sufrido numerosas reformas, en su mayoría cosméticas, no lograron suprimir la tutela, ni ese catálogo de derechos fundamentales que todavía constituye la esencia de nuestro ordenamiento jurídico. Y nuestras cortes, superando algunos casos de corrupción, han encarcelado casi un centenar de parlamentarios y mantienen en capilla nada menos que al expresidente Uribe. Innegables hechos que demuestran la necesidad de mantener la añeja fórmula de Montesquieu sobre la separación en tres ramas del poder público. Verdadero pilar o principio de filosofía política que legitima toda clase de teorías democráticas sobre el derecho y el Estado.


Lo anterior viene al caso porque Duque, además del cuidadoso lenguaje “soft power”, se identifica con Petro en el dudosísimo arte de ¡Prometer y hasta amenazar con cualquier tipo de cosas para conseguir votos! De allí que, con algunos amigos, votaremos en blanco: confiando en la sólida estructura de la carta del 91, y más especialmente en la consistencia doctrinaria de nuestra Corte Constitucional para garantizar el futuro de Colombia.

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