Omar Orrego Rincón: ¡Cuando un grande nos deja!


Augusto Mejía

Corría el año de 1911 cuando el sacerdote sonsoneño Nazario Restrepo Botero, recibiera el encargo de encontrar un camino más corto que uniera a la Mama Grande Antioquia con el Gran Cauca, no ya por los caminos empolvados de la cordillera central, sino por las laderas de la cordillera occidental.

El padre Nazario llegó hasta Santa Ana de los Caballeros, hoy Anserma Caldas, y desde allí contempló un tupido valle, lleno de puros guaduales. Se acordó entonces del Libertador Simón Bolívar cuando en el Monte Sacro, en Italia, de rodillas junto a su maestro Simón Rodríguez, juró libertarnos de España y además nos comparó diciendo: “Oh sí, los valles de La Toscana en Italia son muy hermosos; pero el valle del Cauca en Colombia con su prolongación en el valle de Risaralda, son el verdadero jardín de América”.

El humanista y políglota sacerdote, quien era amigo de monseñor Remigio Ragonessi, descendió a lomo de mula hasta el poblado de Apía, donde fuera su párroco; y al poco tiempo bajó a fundar en el Valle otro poblado al que le puso el nombre de Viterbo, en honor a Ragonessi, quien era oriundo de la ciudad con ese nombre en Italia, y a la que se llega desde Roma por la Vía Apia fervorosamente coincidente con los aborígenes apianos. El corregimiento de Viterbo empezó a crecer y el 80 % de sus pobladores era de origen antioqueño, que había llegado a lomo de mula, con carriel, zurriago y ruana. Desde el municipio de Apía, llegó a Viterbo el matrimonio conformado por don Canuto Orrego y doña Tulia Rincón, con su floreciente familia y allí sentaron sus raíces.


Don Canuto era un experto boticario y unas religiosas de dieron una fórmula que curaba más que el mentolatum, haciéndose famoso el tío Canuto con la “pomada hermanita”. En la esquina de la anchurosa plaza de Viterbo, Canuto Orrego tenía una miscelánea en donde Omar, Alberto, Darío, Lilia, Marieta, Fanny, Teresita y Tulita, sus hijos, aprendieron el comercio. De Viterbo pasaron a Manizales y de allí a Cali, en donde en el barrio Obrero todos trabajaban incrementando el almacén de su padre.

Omar dejó a Alberto y sus hermanas al frente del negocio en Cali y se trasladó a Pereira como distribuidor exclusivo de Calzado Panam, producido por los Tobal, industriales de origen judío. Hay seres que dejan una elipse perfecta en su paso por la vida y uno de ellos fue Omar Orrego Rincón, casado con mi tía Laurita que es la encarnación de la ternura. Omar: formidable ejecutivo del calzado en Colombia, era exigente, visionario y audaz; formador de muchos agentes viajeros, entre ellos de mi padre Alfredo. Gran cristiano, su vocación fue la de ayudar a muchísimos, sobre todo a los más necesitados. Desde el cielo está muerto de la risa haciéndonos ver chispitas.

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