Por qué no cae el Presidente


Alberto Zuluaga Trujillo


 Colombia es un país muy singular y excepcional. El delito campea y nada de lo que aquí pasa realmente trasciende a no ser que, cogidos in fraganti o investigados por la justicia gringa, deban responder por sus asombrosos delitos. La agobiadora politiquería reinante en el país entronizó unas dinastías políticas que como en Barranquilla tuvo y tiene sus mayores exponentes en las familias Name, Char y Gerlein, los Ñoños en Córdoba, los Guerra Serna en Antioquia, los Faciolince en Bolívar, los Guerra Tulena en Sucre, los Mosqueras en el Cauca y otras más, cuyas generaciones de caciques han tenido una clientela propia con una injerencia decisiva en la elección presidencial. Basta recordar presidentes como Julio César Turbay y Virgilio Barco, quienes tuvieron el apoyo de estos veteranos políticos.

 

Ya hoy, el voto es menos amarrado siendo más independiente y de opinión. Pero aun así los votantes, que son minoría frente a los abstencionistas, cierran filas ante alguien, con una pasión y un entusiasmo que no les permite razonar sobre las calidades del líder por quien, ante el desbordado afecto, desconocen los graves señalamientos tildándolos de persecución en su contra. El caso Odebrecht, por ejemplo, que ya ha cobrado la renuncia del presidente del Perú Pedro Pablo Kuczynski, y enviado a la cárcel a Luiz Inacio Lula da Silva del Brasil, no pudo cobrar la renuncia o destitución de Juan Manuel Santos porque implicaba meter tras las rejas al candidato del Centro Democrático, Óscar Iván Zuluaga, ficha del expresidente Álvaro Uribe Vélez, cuya campaña igualmente fue infiltrada por la constructora brasileña.

 

El sinnúmero de señalamientos al expresidente Uribe cuyas investigaciones nada pelechan por ser quien es, contrastan con las decisiones de la justicia en otros lugares. Al juez Sergio Moro no le tembló la mano para ordenar el encarcelamiento del virtual presidente brasileño, país de 220 millones de habitantes, como tampoco vaciló la justicia panameña en pedir la extradición de su expresidente Ricardo Martinelli por la interceptación de escuchas telefónicas, uno entre otros muchos delitos imputados al expresidente Uribe.

 

En Francia, el poderoso expresidente Nicolás Sarcosy será juzgado por idéntico caso a más del delito de financiación de su campaña por Muamar El Gadafi. Tiene, además, pendiente un juicio por supuesta falsificación de facturas para ocultar gastos electorales y burlar así los límites legales con los que según la acusación, gastó 42.8 millones de euros frente a los 22.5 millones autorizados, algo que en Colombia es de común ocurrencia en la rendición de cuentas de los elegidos.

 

No es que queramos el encierro del expresidente Uribe, lo que queremos es que la justicia actúe sin miramientos ni contemplaciones frente a lo que ha sido y significa su vida al servicio público de los colombianos y si al final, luego de una juiciosa investigación se comprobara su inocencia, esta dará más lustre a su merecido prestigio como líder, debiendo el país rodearlo sin reticencia alguna.

alzutru45@hotmail.com

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