Progreso sin contraprestación


Héctor Tabares Vásquez

No podemos renunciar al sano propósito de referirnos a los hechos notorios de la ciudad. De ningún modo es posible declinar el ánimo desprevenido de insistir en los aspectos relativos a la cotidianidad del medio ambiente. No es un disparate frente a la comunidad, menos aún una afrenta a la urbe, el desactivar las falencias advertidas en su seno, como tampoco olvidar o pasar por alto las enormes ventajas y todos los factores positivos constitutivos de la manera de enfocar institucionalmente los asuntos de la incumbencia política y administrativa.

Estas afirmaciones están motivadas en las circunstancias especiales y muy particulares en las cuales viene presentándose la globalización, incidente visible y trascendentalmente en cuanto toca puntos vitales del eje cafetero. En lo esencial, la reflexión asoma en relación al renglón industrial y comercial, preferencial y regularmente considerado el de mayor volumen e importancia.

Basta detenerse un poco en revisar las informaciones de todo tipo, para darse cuenta de las innumerables actividades desplegadas en la zona o realizar el mismo ejercicio haciéndolo directa y personalmente, recorriendo los lugares y los sitios de asiento de esas numerosas ocupaciones, oficios y profesiones. Legal, natural y lógicamente, no es viable impedir un acontecer de tal entidad.

Es la disposición común de las cosas, es el desarrollo, el progreso, la evolución inherente a un fenómeno universal. Son los principios económicos, los derechos y prerrogativas, la libertad de empresa y de competencia. Es necio siquiera aludir a una restricción o prohibición en materia de hondo contenido social de este jaez. Además, es una delicia contemplar la dimensión del entorno y la serie de cualidades alrededor de un pueblo de las características del nuestro.

El clima, la ubicación geográfica estratégica, el calor humano, la capacidad de lucha y de trabajo, el talante de las gentes. Cúmulo de bondades a juicio de propios y extraños, avaladas en el momento de tomar una decisión y de explicarse la razón de encontrarse grandes grupos desplazados a la región, extendiendo el conjunto de bienes y enseres, en un multitudinario y abismal flujo laboral, de construcción de vivienda y de los derivados inseparables a las emigraciones masivas frecuentes.

Si esto es así, es la realidad, es lo vivenciado desde muchos años atrás, no hay excusa alguna en el cometido de exigir de quienes obtienen el más mínimo beneficio, devolver favores, compensar no solo en el pago de los impuestos correspondientes, sino en responder a las expectativas de un conglomerado acogedor. Mostrar reciprocidad en cuestiones atinentes a la inversión de capitales, de abrir fuentes de empleo, sin descontar algo de elemental entendimiento bajo un concepto de cultura, de orden, disciplina y aseo. No se trata de una actitud chauvinista, discriminatoria, simple y llanamente, un deber y un pequeño detalle hacia una especie de anfitrión.


OTRO SÍ: La distinción es para el Periódico que nos permite expresarnos. Como también para los amables lectores, al fin y al cabo, son quienes dan el veredicto.

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