Remenbranza de Borges


Alfonso Gutiérrez Millán

Para esquivar el fanatismo mediático de tantos uribistas y antiuribistas siempre será saludable mirar hacia personajes dotados con ese refinamiento intelectual que los muy parcos ingleses denominan “sentido del humor”; como Jorge Luis Borges, ese argentino universal que hace unas décadas concedió un reportaje -resistente al tiempo- al periódico “Le Monde Diplomatique”, pródigo en agudezas como esta: “Las gentes no hablan sino de fútbol y de política, dos cosas frívolas que crean un sentimiento nacionalista. Los periódicos y la gente dicen “hemos vencido a tal país”, como si fuera suficiente que once muchachos argentinos, en pantalones cortos, ganaran un partido para vencer a una nación…”


Borges relata su único encuentro con Neruda, durante el cual recibió una de las famosas puyas del chileno respecto a la costumbre de utilizar varios idiomas por parte del argentino: “¿Por qué no escribir en inglés o francés?” a lo cual nuestro gentleman respondió: “Bueno, pero dudo que usted y yo tengamos méritos para expresarnos en esas lenguas”.

En cuanto a su presunta inmortalidad literaria: “La inmortalidad personal es increíble, las cosas cambian sin cesar, citaré a Boileau: El momento en el cual les hablo, está ya lejos de mí”. Y un ligero sarcasmo sobre la religion: “La teología es la más extraña literatura fantástica. Tres seres, entre ellos una paloma, en un solo dios…estamos al lado de las pesadillas de Wells o Kafka”.


Y sobre las circunstancias políticas que por décadas sirvieron para que la academia sueca le negara el premio Nobel, debido a sus frecuentes deslices con respecto a lo políticamente correcto: “Cuando el premio para Asturias dije que lo merecía Neruda, el era poeta y comunista, yo soy poeta…y conservador ( me afilié a esa tendencia porque no tiene la menor posibilidad de gobernar Argentina); no puedo estar de acuerdo con teorías que predican la dominación del Estado sobre el individuo.

Más todo eso no tiene que ver nada con la poesía… la idea de mandar y ser obedecido es propia de una mentalidad infantil, esto explica que los dictadores sean gentes inmaduras”.

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