Retos que crecen exponencialmente


Julián Cárdenas Correa

Las seis tasas de café que en promedio consumo diariamente me hacen quizás un mínimo conocedor de café, de ciertos sabores y de ciertas experiencias ancladas en el consumo habitual; pero definitivamente no me hacen un experto en el mercado del café. No obstante, mi ignorancia en el tema, sí hay tendencias que se van conociendo que me pueden permitir hacer algunas reflexiones, que son más bien, inferencias.


Cuando el caficultor se ve golpeado en su economía por los bajos precios del grano a nivel nacional e internacional, pues ha sido frecuente y normal que busque, a través de la negociación gremial o de la presión en las calles, apoyos gubernamentales que garanticen un ingreso mínimo. Ni más faltaba pronunciarme al respecto, más de 500 mil familias que derivan su ingreso del grano convierten el tema en uno altamente sensible, y si a eso agregamos el desarrollo económico que históricamente ha aportado el café en nuestra región, el agradecimiento y solidaridad con el sector tienen un apoyo inercial sobre el que difícilmente podría hacer algún cuestionamiento.

Ahora, lo que ha generado cierta inquietud es ver que el tema del café, como otra infinidad de temas a nivel global, se hacen cada vez más complejos de analizar, de administrar, de tratar…

Nuevamente los sistemas caóticos nos retan intelectualmente desde muchos frentes.
¿Se solucionará el problema de bajos precios y correspondientes bajos ingresos con presiones para ayudas? Posiblemente las dinámicas históricas eso muestran, pero los problemas coyunturales pueden dejar de serlo y por lo tanto las soluciones a los retos requieran cierta creatividad y ciertas competencias que aún no tenemos ni siquiera en el radar.


Como ejemplo está el de que se señala para el mercado del café, como para muchos otros de consumo, una esperanza fuerte para que jalone los precios hacia arriba, la posibilidad de que el consumidor chino empiece a adquirir cierto gusto por el consumo de café. En una cultura en la que el consumo de te es milenario, resulta ser casi un sueño el que un porcentaje así sea pequeño de esos 1.400 millones de potenciales consumidores, despierten alguna preferencia por nuestro grano. Eso haría que, ahí sí, tuviéramos un precio interesantemente alto por muchos años…

¿O no?Recientemente leí un reporte que habla de que en China algunos campesinos han empezado a cambiarse a cultivar café. Promovidos por Nestlé, PNUD y el Banco Mundial han empezado a surgir cultivadores chinos de café. Seguramente diremos que la calidad nunca igualará la nuestra, eso no entra en discusión.

Pero, si los chinos son poco conocedores de café, seguramente su incipiente consumo puede encontrar la demanda satisfecha en sus propios y nuevos cultivos de café.
Si agregamos a este panorama el hecho de que la genética puede hacer que algunos países, a través de la ciencia, logren una calidad cercana a la de nuestro café, los retos se incrementan exponencialmente.


Las soluciones de antes se van quedando cortas y nos empiezan a demandar más creatividad y unas reflexiones más profundas y holísticas.

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