Sabiduría de la raza cósmica


Gonzalo H. Vallejo A. 

Un gobernador de la colonia británica australiana quiso demostrar la severidad de la ley inglesa sancionando a quien había robado unos aparejos de pesca. En presencia de los colonos británicps y del pueblo aborigen, el ladrón fue atado y azotado cruelmente. Los afligidos miembros de dicha etnia atacaron al autor de la orden, arrebataron el látigo al verdugo, lo castigaron con él y lloraron por el ladrón. “Mientras sentimos compasión por vosotros en nuestra reflexiva calma, nos causa profunda curiosidad las ansiedades y preocupaciones a las que os entregáis noche y día”, se le escuchó decir a Gaspesiano, jefe de la tribu canadiense de los Mic Mac. “Sawabona” (“Te respeto, te valoro y eres importante para mí”) es un saludo usado en una lengua nativa surafricana. “Shikoba” (“Entonces yo existo para ti”), responde agradecido su interlocutor.

 

 

Esta fue la respuesta de un indígena aymara de Bolivia al devolverle una Biblia que había recibido como regalo del Papa Juan Pablo II en su visita de 1988: “En cinco siglos no nos ha dado amor, ni paz, ni justicia. Por favor, tome su Biblia y devuélvela a nuestros opresores porque ellos necesitan más sus preceptos morales que nosotros”. 2 años antes, en su periplo por Colombia, el sumo pontífice escuchó de boca del indígena guambiano Guillermo Tenorio, un singular discurso de bienvenida: “500 años de una historia hecha en el silencio del dolor, del desprecio, de la marginación y del martirio desconocido porque es martirio de indio. Contamos con una historia de lucha que ha sido de vida o muerte para nuestras culturas. Muchos hermanos han sucumbido frente a la agresión sin piedad del conquistador y muchos nos hemos mantenido en pie…

 

 

Las montañas agrestes de los majestuosos Andes, las llanuras y las profundas selvas americanas son testigos mudos de tantos sufrimientos y esperanzas... nuestros pies están encallecidos, Santidad, por los largos caminos que nos ha tocado recorrer huyendo del invasor… Estamos recuperando nuestras tierras para sobrevivir con formas de gobierno propias. Hablamos con orgullo nuestras lenguas y buscamos un sistema educativo que favorezca nuestras propias culturas y su desarrollo social. Es un camino difícil y duro porque las respuestas de los terratenientes no se han hecho esperar, asesinando indígenas». Alguien recordó las palabras de Halcón Veloz, un indígena Lakota: “La religión es para la gente que tiene miedo del infierno, la espiritualidad es para las personas que ya han estado allí”.

 

 

Un poema náhuatl resumía la tragedia de su comunidad: “Arrancaron nuestros frutos, cortaron nuestras ramas, quemaron nuestro tronco, pero no pudieron matar nuestras raíces”. Un proverbio sioux condensó nuestra connatural conflictividad: “Hacemos votos porque nuestros enemigos sean fuertes y bravos para que no sintamos remordimiento al derrotarlos”. “No te preocupes: tu lugar no es el nido donde naces, sino el cielo donde vuelas”, rezaba un viejo adagio azteca. Un aforismo australiano nos trae una bella lección de vida: “Todos estamos de paso… Hemos venido a observar, aprender, crecer, amar y luego volver a casa”. Una bella exhortación zulú: “Si no sabes para dónde vas, detente y mira hacia atrás…  Al menos sabrás de dónde vienes”. Este axioma mixteco “Escucho y olvido, veo y recuerdo, hago y aprendo”, nos recuerda la sabiduría de la raza cósmica.

12 de octubre, día de la interculturalidad y la plurinacionalidad.

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