Ética, ciudad y vida


Gonzalo H. Vallejo A.

Cuando la ONU fijó para el año 2030 la nueva hoja de ruta de los ODS (Objetivos de Desarrollo Sostenible), Ban ki Moon, su Secretario General, afirmó en aquella memorable fecha (septiembre 25 de 2015): “Las ciudades son centros de ideas, comercio, cultura, ciencia, productividad, desarrollo social y mucho más”. Estas últimas palabras fueron retomadas críticamente por Oxfam. Esta confederación de 17 ONG que realiza campañas humanitarias en 90 países puso el dedo en la llaga: en el planeta, 1 de cada 3 personas vive en la pobreza; Latinoamérica es la región más urbanizada y desigual del mundo donde 8 de cada 10 habitantes viven en las ciudades y el 25% de esa población urbana (113 millones) habita en asentamientos informales. En el año 2022, el 1% de sus pobladores tendrá escandalosamente mayor riqueza que el 99% restante.


Hace poco, Oxfam en asocio con el Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales CLACSO, presentó un informe de 13 casos a través de los cuales se demuestra cómo las élites políticas y económicas manipulan tomas de decisiones gubernamentales, todo ello con el fin de maximizar privilegios fiscales por encima de derechos y beneficios de mayorías en América Latina y el Caribe. Oxfam Colombia ha denunciado desde 1982 cómo en nuestro país “persiste la más prolongada crisis humanitaria de América ocupando el primer lugar en número de desplazados internos a nivel mundial”. De igual manera, existen altos y persistentes niveles de pobreza, injusticia y desigualdad que afectan a mujeres, niños, adultos mayores y minorías étnicas, sobre todo del área rural. “La violación de los derechos humanos se ha convertido en una práctica habitual”, afirma la ONG.

Nuestras ciudades han sido concebidas como objetos medibles y comprensibles sólo desde un punto de vista estadigráfico. Ellas son producto de una racionalidad urbana que se elabora desde la frialdad burocrática de una oficina (Bureau: escritorio, cratos: gobierno). Son reducidas a un concepto pétreo, fisicalista, que las define como un conjunto de edificios, vías, calles, puentes y plazas, lejos de aquellos que las ven como seres vivos, entidades vivenciales, escenarios interactivos. Bastaría, según nuestros planeólogos, con construir obras de infraestructura para ver la urbe ordenada, segura, tranquila y bella.

Olvidamos que nuestras ciudades están fragmentadas, polarizadas, producto de la oposición entre razón y deseo, cuerpo y espíritu, sujeto y objeto, economía y cultura, sociedad y estado, todo ello, herencia de una visión milenaria y judeocristiana.


Apoyados en la Iniciativa de Oxfam Colombia, se debe generar una movilización al interior de la sociedad civil que se traduzca en una “ciudadanía activa” convocante, decisoria, responsable, informada, crítica, exigente y reivindicativa en asuntos propios de justicia económica y social, lucha contra las múltiples violencias y reivindicación de derechos civiles y políticos, entre ellos, el derecho a la ciudad y a una ciudadanía participativa e incluyente, ideario civilista que, además de formular e implementar planes y programas de desarrollo humano, debe viabilizar proyectos que permitan reflexionar, vivenciar, (de) construir y asumir un mundo valórico, imperativo dramático y categórico de los nuevos tiempos ante el abandono y deterioro de los ideales éticos que afecta a todos los habitantes de la ciudad. Todo estamos de acuerdo: “El problema es ético”.

  • pereira
  • risaralda
  • noticias
  • eje cafetero

  Continúa Leyendo




Powered by