Un nuevo pacto educativo


Gonzalo H. Vallejo A.

Existe en Colombia un amplio consenso en torno a las soluciones para elevar la calidad y el tipo de educación que requiere el país. Se requiere de un pacto por la educación amplio, participativo e incluyente en torno a la formulación de una política de Estado sobre la defensa y fortalecimiento, mejoramiento de la calidad y pertinencia de la educación. Este es uno de los pocos temas que puede convocar y unir a un país tan polarizado y dividido como Colombia. Una educación con calidad es lo único que puede competir contra los espejismos de movilidad social que ofrecen la narcocultura y los sofismas propios de la vida fácil y tramposa. Se hace necesario blindar la educación pública frente a los vaivenes de la politiquería y el clientelismo y su estela de prácticas corruptas, inicuas y degradantes.


Profundizar en el compromiso social de la educación implica viabilizar un paradigma donde sus asuntos más relevantes sean la resolución de conflictos, la asertividad y la empatía; el acceso con justicia y equidad; el enfoque ético sobre derechos y deberes; la dignificación del maestro y de su nivel de vida y la participación de todos los agentes educativos en la transformación de la escuela y la sociedad. Convertir la educación en la principal locomotora del desarrollo nacional superaría el viejo enfoque reduccionista de cobertura y calidad. La educación debe cumplir su papel fundamental como es el de ser uno de los factores más importantes de movilidad social. “La educación es algo muy importante para que las decisiones las tome sólo la clase política”, afirma Julián de Zubiría, fundador y director del Instituto Merani.


Potenciar la investigación como base del Sistema Nacional de Ciencia y Tecnología enfatizando en áreas estratégicas tales como biodiversidad, agroindustria, cultura del agua, adaptación al cambio climático, respeto por las diferencias y, a su vez, por la diversidad cultural; adoptar nuevas disciplinas y metodologías en materia de formación y actualización pedagógica y didáctica; articular métodos de enseñanza pertinentes con sólidos contenidos, todo ello en aras de aumentar la capacidad de construir conocimiento inter – trans – disciplinario desarrollando a su vez nuevas formas de evaluación cualitativa; contextualizar el conocimiento lo que implica aplicarlo de manera crítica y creativa… El mundo no precisa de personas que lo saben todo, sino de aquellas que intentan hacer algo con lo que saben.


Fomentar la autonomía pedagógica y administrativa de las instituciones educativas para que construyan sus proyectos pedagógicos y sus currículos; implementar nuevos modelos pedagógicos que aprovechen las oportunidades de la revolución digital en un mundo “glocalizado”; modificar el modelo pedagógico centrado en la transmisión de información a uno centrado en la potencialización de talentos, personalizado, orientador y no restrictivo, facilitador y colaborativo; desarrollar programas de formación de formadores donde se dinamicen competencias en materia de liderazgo, emprendimiento y resiliencia; desarrollar en la escuela competencias transversales para lecto-escribir, pensar, convivir, deconstruir, desaprender y transformar nuestras realidades cotidianas… He ahí nuestro desafío.

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