“Yo cocino”, el sabor de la comida hecha con amor

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Óscar Osorio

Sobre el libro “Afrodita”, en donde la escritora chilena Isabel Allende “trae sus poderes mágicos como cuentista a un nivel muy personal y con un encanto peculiar a las entrelazadas y sensuales artes de la comida y el amor”, la revista Publishers Weekly, publicó la siguiente reseña:

“Afortunadamente en esta sofisticada defensa del placer, la novelista Allende le da otra vez alegría al comer y al amar con toda la gracia que caracteriza a lo mejor de su ficción. A pesar de ser una apasionada sobre el tema, ella sigue siendo caprichosamente coherente con esta mezcla de anécdotas, recetas y consejos diseñados para mejorar cualquier encuentro romántico. Como siempre, su arma secreta es la honestidad.”


Dentro de esta línea de conducta, que describe aquel espíritu que caracteriza a los amantes de la buena cocina, parece estar enmarcada la vida de Diana Arenas Mejía, quien desde sus primeros años estaba muy pendiente de los movimiento de su madre en la cocina y toda esa experiencia acumulada, de sabores y de olores, la acaba de plasmar en un libro titulado “Yo cocino”.


Todo comenzó en el hogar conformado por don Ricardo Arenas, quien tuvo un afamado almacén de bicicletas, doña Magola Mejía y sus siete hijos. En palabras de don Ricardo, la cuota del sancocho ya la tenía lista, por lo que le compró a su esposa un libro gigantesco de recetas de la cocina francesa que se volvió en la fuente de consulta de la familia y el menú para todos los días.

Diana Arenas reconoce que aunque estuvo muy aplicada a su hogar y al comercio, siempre cocinó. “El gusto por la cocina me viene de toda la vida, porque mi mama fue maravillosa cocinera. De ella aprendí que la comida tenia que ser buena. Y si yo no estaba cocinando siempre estaba dirigiendo la cocina, así que nunca fue una sorpresa para mí qué iba a ser el almuerzo”, anota.


Una vez que se jubiló, con su hermana Margarita, comenzó a organizar matrimonios, en donde Margarita se encargaba de la logística y Diana, de los alimentos y bebidas. Y de paso también algunos arreglos florales, cuando la ocasión lo ameritaba.


Pero la vida culinaria le cambió a doña Diana hace cuatro años cuando una de sus hijas le regaló un computador, aunque la tecnología no era precisamente lo suyo. “Yo no sabía que hacer con eso, entonces me conseguí una señora que me enseñara a usar el computador y, al tiempo, aprovechar para pasar en limpio todas las recetas que yo tenía”. Para dar una idea, eran tres cuadernos escritos a mano, en donde comenzó a acumular recetas desde que se casó. Es decir, más de 50 años de recorrido gastronómico.

De ese cúmulo de apuntes culinarios, un buen día doña Diana decidió hacer una selección en donde se destacaban las recetas que ella misma manipuló o reconstruyó a su manera. “Por ejemplo, algunas donde cambié ingredientes, como la leche de coco en vez de crema de leche. Es decir a las que le puse mi toque personal con la intención de que mis hijas tuvieran una cosa decente, dado que mis tres cuadernos ya acumulaban en sus páginas muchas huellas de tomate, de harina y de cosas que les caían encima”.


En este proceso fue clave la persona que doña Diana contrató como asesora para el uso del computador. Se trata de Adela Arenas Arango, quien trabajó en la fundación Germinando y también ha hecho libros. Así nació “Yo cocino”, con una exclusiva colección de recetas de distintas partes del mundo, incluido el Sancocho Yerbabuena, que es la joya de la corona culinaria de la autora del libro. “Yo creo que este es uno de mis platos más lindos, con morillo y espinazo. Un día en Ginebra, en un festival del Mono Núñez, aprendí a hacer la salsa para adornar la carne del sancocho”.


En el libro se incluye, además de la receta del Sancocho Yerbabuena, otra de la Sopa de Pescador, que es una de sus predilectas y la cual también manipuló, así como ocurrió también con la salsa de café que utiliza tanto para las costillas como para el pollo.


Sobre esta publicación, dice la autora que “yo me imaginaba una cartillita, pero a mí me gustan las cosas bonita, así que lo fui adornando y adornando. Además casi todas las fotos de los platos, las mesas y los arreglos son mías, hechas con una camarita pequeña, muy linda. Después vi como se toman las fotos para la alta gastronomía y eso es una cosa completamente distinta. Pero en eso la comida que se usa para la foto no es la que se come, pero la mía sí”.
Con sus propios recursos, doña Diana financió su libro, del cual se editaron 200 ejemplares, de los que en tres meses apenas quedan disponibles unos pocos.

 

No se puede cocinar bien si no se pone en ello el corazón, dado que, por encima de todo, se trata de que reinen en torno a la mesa sentimientos de amistad y de fraternidad”.
Fernand Point Maestro de los cocineros franceses

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